¿A cúal escuela regresaremos?

Educación
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Después de la pandemia, ¿cambiará en algo el sistema educativo? ¿Seguirán las Pruebas SABER-Icfes para mostrar quiénes son los mejores y quiénes los peores?

¿Qué hacemos para evaluar a los estudiantes que no se han conectado con nosotros por internet?, se preguntaban algunos maestros en plena cuarentena por la pandemia del coronavirus. Los maestros estaban enfrentados, de bulto, con el tema de las diferencias enormes entre unos y otros estudiantes, de las condiciones que cada uno debía enfrentar. “Pongamos tres a todos”, dijo uno. Otro preguntó “¿por qué no poner cinco a todos?, así premiamos su lucha por la sobrevivencia, que es en lo que andamos todos. Alguien puntualizó que, dadas estas circunstancias tan difíciles, lo mejor era no evaluar cuantitativamente sino cualitativamente, que nadie “pierda”, es tiempo de “ganar” no de “perder”.

Claro, los maestros estaban evaluando, evaluando siempre el desempeño de sus pupilos, incluso a distancia. ¿Por qué este o aquel no enviaron los trabajos diligenciados? ¿Pereza? ¿No tienen conectividad? ¿Les fallan los dispositivos? ¿Se acabaron los datos y el dinero para comprar? ¿Será la angustia por el encierro, la desmotivación acaso? Algunos dijeron que había que fortalecer la autoevaluación de los estudiantes, que ellos reflexionaran acerca de lo que estaban viviendo, de cómo se estaban sintiendo, que expresaran algo acerca de si estaban aprendiendo algo o no, “con el aprendizaje en casa”. Claro, para que la autoevaluación sea significativa se requiere que el estudiante haya crecido algo en autonomía (libertad con responsabilidad), para que haya objetividad en lo que escribe. Muchos realizaron la autoevaluación con gran seriedad e incluso explicaban por qué se ponían una nota alta o una más bien baja.

La verdad es que al retornar a la escuela, cuando la pandemia lo permita, nadie será igual a como era antes. Serán los mismos maestros y directivos, pero ¿Pensarán lo mismo? ¿No será que se ha producido un remezón en lo profundo de su ser pedagógico? Algunos piensan que todo volverá a ser igual, así como predicen que muy poco aprenderá la humanidad de la lección que el virus mortal ha dado a todos, que las desigualdades económicas enormes entres países y entre sectores sociales también seguirán siendo inmodificables, que el sistema capitalista seguirá con sus lógicas de competencia y acumulación de ganancias al costo que sea. Así también, la escuela seguirá lo mismo. Maestros que enseñan a sus estudiantes competencias, pero también a competir para ser los mejores. Colegios que se dedican a buscar el camino para que su nombre figure en los primeros puestos de los listados del Icfes sobre los mejores colegios. Competir, ser los mejores, el darwinismo social…seguirá ocurriendo lo mismo, dicen algunos.

Pero una visión optimista debería permitir imaginar que no todo seguirá igual, que el impacto producido por las cuarentenas y el encierro, por el trabajo en casa, por el aprendizaje en casa, por las tragedias familiares conocidas o vividas, por las graves situaciones económicas y sociales generadas, todo esto tendría que producir algún tipo de acción transformadora en los educadores. Creo que esto es realmente posible. Muchos se asumirán como pedagogos, reflexionarán sobre el acto educativo, sobre lo que necesita aprender realmente un estudiante en la escuela, lo esencial para su proyecto de vida.

Sí, es muy posible que todos esos maestros que vieron en medio de la pandemia la necesidad de centrarse en el ser de sus estudiantes, en propiciar la adquisición de las habilidades socioemocionales indispensables para sobrevivir dignamente y para afrontar el reto de transformar el mundo que los oprimía, es muy posible digo que en el retorno hallen que ese enfoque debe permanecer, que debe volverse permanente y esencial. Practicaron pedagogía diferenciada y evaluación diferenciada (algunos probablemente sin saber que esto hacían), tuvieron en cuenta los diversos ritmos de aprendizaje de sus estudiantes, pues esto lo volverán habitual en sus prácticas pedagógicas.

Los maestros así enfocados querrán que la escuela sea poderosamente incluyente, querrán que los estudiantes que se quedaron atrás en el aprendizaje por no haber podido conectarse a las plataformas, reciban el apoyo de los demás para ponerse al día, para alcanzar las metas que ya otros posiblemente habían alcanzado. Esta es la escuela centrada en la cooperación, en la entreayuda, en el trabajo en equipo, y no en la competencia salvaje del sálvese quien pueda. Pero claro, el gobierno nacional tendrá que replantear también sus lineamientos, ¿querrá mantener las pruebas externas basadas en la competencia de los que mejores aprendizajes cognitivos pueden obtener? ¿O replanteará el modelo? Tal vez sea necesario un nuevo planteamiento acerca de quiénes son los “buenos” y quiénes son los “malos”.

Directivos y docentes hallaron, en el período del aprendizaje en casa, que la multiplicidad de materias, asignaturas o áreas se convirtió en una tortura para los estudiantes y sus familias. Ellos mismos concluyeron que la buena salida estaba en los proyectos integradores, articuladores o transversales. Una sola guía para que desde allí los estudiantes hallaran sentido a las actividades relacionadas todas con un proyecto de vida. Pues bien, al retornar será imposible abandonar este propósito. La disciplinariedad aislada, será fuertemente golpeada. La escuela motivadora estará centrada en proyectos que sean realmente significativos para la vida de los estudiantes.

En ese período de encierros y cuarentenas, los maestros perdieron el “control” sobre la vida de los estudiantes. Estos, desde sus casas, se sentían libres para aparecer o desaparecer en las pantallas de sus celulares o computadores, libres para estar sentados o acostados, jugando o distrayéndose con algo, muy atentos o desatentos, al fin y al cabo el maestro no podía controlar estas situaciones. Al retornar, la confianza del maestro hacia el estudiante tendrá que crecer y los procesos de aprendizaje tendrán que contar con eso, si se quiere fortalecer el proceso de formación de autonomía en el niño, la niña y los adolescentes.

El maestro reconocerá que el estudiante es su igual, como sujeto con capacidad de razonar y de actuar, asumirá que en algunos momentos él será también aprendiz mientras que los discípulos serán enseñantes. Es la escuela del diálogo de saberes, completamente diferente a la escuela de la educación bancaria que tanto cuestionó Paulo Freire. La resistencia de los estudiantes a relacionarse con el saber, será mirada por el maestro de manera más comprensiva, se permitirá el tiempo y el espacio para la escucha activa, para indagar por las circunstancias que afectan al aprendiz, en su internalidad, en sus relaciones, en su hogar. Y se darán las condiciones para que, en la búsqueda de sentido para su vida, el estudiante pueda preguntarse y responder por qué nos ha tocado lo que nos ha tocado, por qué el ser humano parece querer destruir el planeta que es su hábitat. Educación con preguntas, más que respuestas, problémica, problematizadora.

He ahí una escuela amorosa, que aplica la pedagogía del cuidado, que ve la escuela como ese territorio seguro para el aprendiz, que sabe que allí es posible equivocarse sin pagar grandes costos ( no puede hacerlo el trabajador que debe producir tal o cual resultado en una fábrica o empresa), que el ensayo y el error son fuente de aprendizaje, que este es realmente un principio pedagógico que debe respetarse y vivirse.


Otras cosas más deberán pasar en la escuela pospandemia, verdad?

Hablaremos de ellas más adelante.


Pero, ….¿Regresaremos?

Cali, junio 10 de 2020, en la XII semana de cuarentena, con más de 7 millones de contagiados por coronavirus, más de 400.000 muertos en el planeta, y más de 1.300 muertos y 40.000 contagiados en Colombia.

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