Asi se hace la guerra… contra la paz

Guerra - Paz
Guerra - Paz

Unos vomitan el fuego de las armas, otros vomitan el fuego de la mentira y la manipulación en las redes sociales

Es claro que la violencia homicida y depredadora sexual practicada por hombres armados al servicio del Estado, no es un asunto que resulte de las desviaciones y aberraciones de unos cuantos «monstruos». No solo en Colombia sino también en otros países. Ahí está el ejemplo de la mujer soldado estadounidense víctima de acoso sexual que condujo a su asesinato y descuartizamiento, hace apenas unos meses, a manos de uno de los machos de su batallón, acompañado por su esposa.
En otros países, con otras culturas y otros entornos sociales, no es fácil que esto se reproduzca. ¿Por qué?

En nuestro país, el asesinato recurrente y frecuente de hombres y mujeres que están liderando procesos de transformación social, bien sea en zonas campesinas, de sustitución de cultivos ilícitos, de minería ilegal, en juntas de acción comunal, en procesos de lucha contra la discriminación por género o por cualquier otra causa, cualquier actividad vinculada con el término «defensa de los derechos humanos», está relacionado necesariamente con una maquinaria de manipulación mediática, con un maquiavélico propósito de desprestigiar a toda costa la vida y las acciones de todas aquellas personas que son percibidas como un peligro para el «statu quo», el orden soportado en las más escandalosas formas de propiedad y de acumulación de capital, formas que hoy, más que nunca, en medio de la tragedia que vive la humanidad entera por una pandemia, resultan verdaderamente indignantes e insoportables.

Mentiras, datos que pueden parecer veraces ante una vista superficial pero que analizados resultan insostenibles, manipulación de la información, verdades a medias, afiladas técnicas de la repetición que llega al cerebro de las personas que tienen predisposición para ser permeados por este tipo de mensajes, son utilizados. ¿Sufres a consecuencia de la violencia de grupos armados? Mira, la JEP ha amnistíado al 86% de los miembros de las Farc que han solicitado ser acogidos. Una información completamente falsa, pero que difundida y repetida cumple su papel de orquestar el ambiente para la destrucción del proceso de paz. Estos mensajes son repetidos por los jóvenes adoctrinados bajo las orientaciones de los mandos de las fuerzas armadas del Estado que están abiertamente comprometidos con la defensa del «statu quo» uribista, que ya sabemos está vinculado con el paramilitarismo, el narcotráfico, el desplazamiento forzado y tantas otras plagas. Y son repetidos, sin ningún beneficio de inventario, por los más diversos sectores de la población que aún piensan que hubo un «mesías» que los salvó de la debacle. El manto que cubre sus imaginarios les impide comprender que la cadena de la muerte, que los puede llegar a aherrojar también a ellos, surge de allí, se nutre de estos apoyos e ignorancias.

El dato exacto (ver la investigación aquí referida) es que el 86% de las solicitudes de candidatos de las Farc para ser amnistíados, han sido rechazadas. Pero el efecto de la manipulación cumple su papel en las mentes poco críticas y muy mal informadas. Así, muchos colombianos, manipulados y engañados, terminan convirtiendo un órgano de paz como la JEP en un «monstruo» generador de más violencia y se levantan contra ella, la difaman y piden su eliminación.

Así se ambienta la guerra, así se insufla en los espíritus de muchos colombianos el odio que guía las manos homicidas de los que dirigen sus armas contra el pueblo colombiano. Deben forjar una cosmovisión deformada, que sirva a sus propósitos deformados, deformados en relación con la vida, si pensamos en la buena vida de la humanidad y no de unos cuantos, no de ese 1% que vive a costa del resto. No hay duda de que se trata de una cosmovisión necrófila. Lo grave es que la cosmovisión biófila, amante de la vida y de la paz, ceda ante el empuje de la irracionalidad y de la muerte. El machismo feminicida está vinculado a esa cosmovisión mortífera, lo femenino es concebido, en general, como símbolo de debilidad. «Mujeres a la casa», es su colofón.
Para el «macho» Trump, hasta usar un tapabocas (máscara anti-covid) es símbolo de debilidad; el macho asume el riesgo, induce al riesgo mortal a su población al no usarlo, invoca la activación de la maquinaria económica productiva sin importar si ello implicará el contagio y la muerte de miles de personas. Y eso se conecta con el desprecio por las minorías, por los inmigrantes, por los negros, por los indígenas, por los que exigen el respeto de la vida y demás derechos humanos. Así, si se denuncia la violación de unas niñas por parte de unos soldados o policías, se trata de un intento de desprestigiar a las fuerzas armadas que defienden el «orden» vigente. Si se cuestiona el accionar de un policía del Esmad que mató a un estudiante, es la izquierda «mamerta» que no ve que esos estudiantes son puntas de lanza de la «subversión armada». Si se felicita a un policía que se niega a desalojar de las orillas del río Pance a unas familias empobrecidas, quienes lo hacen son seguramente enemigos de la propiedad y del «orden»; en cambio, no les preocupa cómo llegaron a ser propiedad privada de unas cuantas familias, los territorios del valle del Pance y de los Farallones, y en general, los ejidos de la ciudad y del país. «Ganas de joder de los mamertos», dirán.

En esos imaginarios la paz no es posible, la guerra a muerte tiene todo tipo de justificaciones, el fin justifica los medios, no importan los «daños colaterales» indispensables (niños reclutados, asesinados, población desplazada, etc). las lógicas de la guerra presentes: destruir, eliminar al enemigo a cualquier costo. En la lógica de la paz, el diálogo es central. Se puede «eliminar» al enemigo mediante el diálogo.

Allá y acá, en el norte y en el sur, los imaginarios y cosmovisiones acercan o alejan a los seres humanos. Un partido demócrata (sin que este sea un ejemplo evidente de compromiso con los derechos humanos) de los Estados Unidos exige al gobierno Duque que haga parar la maquinaria de muerte, los homicidios contra líderes sociales. Un partido republicano, calla; no hay mucho compromiso con la vida, al contrario, es el mismo partido que ha avalado las necrófilas acciones de su presidente. Hay algunas diferencias en esto. Lo mismo vemos acá, algunos líderes políticos, no solo de izquierda, se han unido a la idea de exigir una renta básica para los colombianos de menores ingresos, justamente en defensa de la seguridad y de la vida. A otros, desde su visión neoliberal, les parecerá solo un tema «populista». Predican y practican una «ideología contraria a lo público», como ha dicho Paul Krugman.

¿Cómo enfrentar esa «ideología contraria a lo público»? Fortaleciendo nuestro accionar en defensa de la vida y demás derechos humanos, difundiendo los ideales y los valores del «buen vivir» (concepción de una vida sana, respetuosa de la naturaleza y de las relaciones entre todos los seres humanos), difundiendo información veraz, cuestionando las mentiras y las falacias, educando (todos y todas podemos ser educadores-as) y, en cuanto sea posible, movilizándonos visiblemente en defensa de esos ideales. ¡Pa delante!

Para la vida y la paz, todo! Para la guerra, la violencia y la muerte, nada!

julio 7 de 2020

PD: se recomienda la lectura del texto adjunto, de carácter investigativo

https://www.elespectador.com/colombia2020/justicia/jep/hay-una-bodeguita-uribista-contra-la-jep/

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