Colombia no claudica ante la incertidumbre, intimidación, temor y amenaza

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La soledad del poder

En Octubre de 1962, el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, enfrentó y sorteó la crisis mas compleja de su administración. Los cuerpos de inteligencia norteamericana habían detectado la instalación de bases de misiles nucleares de alcance medio soviéticos en territorio cubano. Rusia y Estados Unidos, con ideologías diametralmente opuestas, luchaban por el dominio del poder mundial. Kennedy actuó con serenidad e inteligencia evitando el holocausto que hubiera significado una guerra nuclear mundial entre las dos potencias. 

En abril de 1970, Carlos Lleras Restrepo, detuvo el intento golpista y subsecuente vandálicas alteraciones del orden publico, propiciadas por los seguidores del partido de Rojas Pinilla, quienes argumentaban fraude electoral de las elecciones presidenciales. En 1977, el paro cívico convocado por las centrales obreras resultó en un enfrentamiento entre manifestantes y la Fuerza Pública, que terminó en decenas de heridos, incalculables daños en edificaciones, establecimientos comerciales, automotores y cobró la vida de mas de diez personas. Ambos gobernantes actuaron con inteligencia, sensatez y firmeza decretando toque de queda.

El reciente paro nacional del 21 de Noviembre y subsiguientes escalonadas protestas, inspirado en el nefasto ejemplo devastador chileno, se enfrentaron a la democracia elegida mayoritariamente en las urnas, promovidos por los derrotados de esa jornada, quienes desde ese día declararon hacer oposición en la calle convocando manifestaciones permanentes. 

En los quince meses del gobierno del Presidente Duque, el país ha soportado mas de 200 manifestaciones paralizando la libre circulación de carga y pasajeros urbanos e intermunicipales, pero ninguno con la sevicia vandálica y alteración del orden publico como el 21N. Razón por la cual, acorde a la normatividad vigente, tuvieron que los alcaldes de Bogotá y Cali decretar respectivos toques de queda.

El presidente Duque firmemente respondió a la alteración del orden publico abriendo espacios de dialogo para discutir las infundadas diez razones de la protesta.  Los organizadores se sentaron en la primer mesa de dialogo, con compleja exigencia de trece puntos, intentando modificar sustancialmente la agenda de gobierno. Ante la coherencia del gobierno en no modificar algunas infundadas pretensiones y la invitación representativa a la misma mesa de la contraparte, el sector productivo, los mal entonados organizadores se levantaron de la mesa.

Lamentablemente los medios de comunicación han sesgado la información objetiva de los acontecimientos.  Han fabricado cortinas de humo, victimizando los marchantes y exponiendo en entredicho la autoridad constitucional de los órganos de seguridad, sin reconocimiento solidario a quienes se han sacrificado por mantener el orden. 

La ejemplarizante actitud de la ciudadanía afectada, a diferencia de Chile, salió los días siguientes, a recoger basura, escombros, pintar fachadas de los bienes vandalizadas y grafiteadas. Siguieron cumpliendo con sus jornadas de trabajo, pese a las dificultades de movilidad. Las encuestas realizadas después del 21N son contundentes en rechazar el paro, el cacerolazo y la invitación de las minorías derrotadas en seguir haciendo daño.   

La serenidad y cordura con la cual ha enfrentado el Presidente Duque la situación es muestra de entereza, coherencia y respeto al estado de derecho. Rechazar las vías de hecho y apoyar la fuerza publica, en cumplimiento de su deber, es de ejemplar admiración.

Al igual que Kennedy, Lleras Restrepo y López Michelsen, el Presidente Duque es prisionero de la oscura e inhóspita soledad del poder. Aquella que solo con el pasar del tiempo y la historia darán razón. Mientras tanto enfrenta detractores, enemigos y aquellos a quienes vencerá con su postura, entereza y valor altruista.

Colombia mostró al mundo entero que no claudica ante la incertidumbre, intimidación, temor y amenaza.

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