Convocatoria a un acto de solidaridad, de memoria y de restauración

masacre
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A todos los directivos, docentes, estudiantes, madres, padres de familia de las comunidades educativas de Cali, del Valle y de Colombia.

En nuestra alma de educadores no caben la indignación y el dolor que sentimos ante la tragedia de la muerte que despliega sus brazos segadores por los campos y las ciudades de nuestra patria, de la mano de los violentos que se regodean con el sufrimiento de la gente sencilla y buena.

Sí, nos indigna y nos duele la muerte violenta de cualquier colombiano (a), pero nos estremece hasta las entrañas la violencia homicida contra nuestros niños y niñas, contra nuestros estudiantes, nuestros adolescentes y jóvenes. Hoy, en la escuela se enseña y se aprende que ningún ser vivo ha de ser objeto de violencia; los niños aprenden a convivir en paz con la naturaleza, con las plantas y los animales, a no matar ni siquiera a un insecto, y aprenden de manera especial el respeto por la dignidad y la vida de todos los seres humanos.

Como rector de la Institución Educativa Oficial Golondrinas de Cali, invito a todos y todas a iniciar la semana con un acto simbólico de reflexión y de homenaje a las víctimas infantiles y juveniles de las masacres de los últimos días, pero también a las víctimas del desangre que vive nuestro país desde hace un tiempo. Que en ese acto simbólico virtual, se utilicen carteles, imágenes, símbolos, mensajes de paz, de amor y de solidaridad. Nos convocan la vida, el amor, la solidaridad y el rechazo a la violencia.

Una bandera a media asta, un minuto de silencio, una canción por la paz y la sanación, las imágenes de los niños y jóvenes víctimas, un mensaje de aliento, todo lo que se nos ocurra para enviar a las víctimas, a las familias víctimas, a las comunidades víctimas, un mensaje de apoyo, de solidaridad y de sanación. Pero es que nosotros también somos víctimas, sí, todas nuestras comunidades. Y así debemos asumirnos. Si pensamos que las víctimas son solo los otros, las otras, ellos, el nosotros no funciona. Todos somos víctimas, por ello no podemos permitir que se sigan produciendo estos actos espantosos de aniquilamiento de la vida.

En cada clase, en cada encuentro grupal, remoto o virtual, ha de tener un tiempo la reflexión sobre la vida y los actos que la siegan. Que los estudiantes expresen sus sentimientos y sugieran acciones para la transformación de esta triste realidad.

Sabemos que lo simbólico es solo eso, un símbolo, pero de esto también surge la fuerza de la paz y de la convivencia pacífica. Que este acto se haga, de alguna manera, con todos los estamentos, que todos participen activamente, sugiriendo y convocando. Esto es ya una manera de movilizarse.

Es importante que se hagan mensajes escritos o videos para enviar a los medios de comunicación, que circulen como una expresión del sentir de las comunidades educativas y que lleguen a los gobernantes, especialmente al presidente de la República. Esta es una forma de garantizar que la memoria histórica se fortalece, de no permitir el olvido de las víctimas y de sus tragedias. Los medios y los gobernantes tienden a olvidarlas. También es una manera de vivenciar y exigir el respeto profundo por los derechos humanos.

Todo esto será también un mensaje para los violentos, para las bandas criminales, para los sicarios y para sus jefes, para que acaben con esta orgía mortal, para que entiendan que no hay otro camino, que la paz es el camino y para que vean que no podrán con las grandes mayorías del pueblo colombiano que quieren vivir en paz.

Y, entre todas y todos, preparar la gran movilización nacional por el respeto a la vida, por la paz y el amor, por la no violencia y por la restauración del tejido social despedazado por los violentos.

Todos a aportar.

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra, la muerte y la violencia, nada!

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