Crónicas de un sueño 1

Covid-19
Covid-19

De “lo inteligente” y los “covidiotas”

Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente” La Peste, Albert Camus

Todos los días parecen domingo. Las calles están solas, el ruido es poco y se puede percibir con más claridad el canto de los pájaros, aún en zonas donde los árboles no son muy abundantes. Sí, todos los días parecen domingo, pero no solo aquí sino en todo el planeta. Hasta en las largas filas que se forman para ingresar a los bancos y supermercados hay silencio, tal vez por el distanciamiento obligatorio de al menos un metro entre una persona y otra, pero también por llevar todos un tapabocas, ya casi de manera obligatoria. Quien no lo tenga, no puede ingresar a ningún establecimiento. Bocas cerradas, es lo que más se ve. Y el silencio, ha hecho que los animales salvajes hayan vuelto a lugares habitualmente ocupados por los humanos. El planeta se ha reactivado de otra manera. Los animales miran extrañados lo que está ocurriendo.

Los ciudadanos están sometidos a un confinamiento forzoso en sus casas. Solamente pueden salir a realizar actividades estrictamente indispensables, siguiendo los lineamientos que ha decretado el gobierno nacional. Las autoridades locales han limitado aún más el movimiento, señalando días específicos en los que las personas pueden salir, teniendo en cuenta el último número del documento de identidad. Dos veces por semana, es lo permitido. La palabra confinamiento se utiliza ahora de manera habitual, convirtiéndola en sinónimo de encierro, pero originalmente su significado hacía referencia a la pena que algunos regímenes imponían a una persona de vivir en un lugar diferente a su domicilio habitual. El escritor Fiodor Dostoievski fue confinado en Siberia por el Zar de Rusia. Durante su permanencia allí, escribió obras como Las memorias de la casa de los muertos y Memorias del subsuelo. Escribió que siempre se sintió como “silenciado en un ataúd”.

Confinamiento, encierro, enclaustramiento, implican, en todo caso, aislamiento. Por estos días de pandemia, el presidente habló de “aislamiento inteligente”, previendo que al terminar la cuarentena (de veinte días) decretada inicialmente, se pudiera pasar a una en la que se flexibilizaran un poco los controles para que las actividades económicas volvieran lentamente a la “normalidad” anterior. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que la gran mayoría de la población calificó la propuesta como poco inteligente, muchos lo acusaron de querer favorecer al gran capital sin que le importaran realmente los intereses de los trabajadores y del pueblo en general. He aquí entonces que el pueblo, orientado por sus líderes, tanto de izquierda como de derecha, pidió algo así como “presidente, enciérrenos por favor”. El miedo al contagio, el temor a la muerte, el pánico que se ha apoderado de tanta gente, hizo que el dilema libertad o seguridad quedara resuelto. Seguridad y vida primero. Obediencia debida, ante todo.

Para muchos, la cuarentena obligatoria significa vida, a pesar de sus graves y fastidiosas implicaciones, incluso permite reencuentros en el seno de la familia, con los hijos, con los cónyuges, y hasta la introspección personal. Pero para otros, muchos también, puede ser sinónimo de muerte. Los trabajadores de la informalidad, ambulantes , los trabajadores de restaurantes, del sector turístico, de todos aquellos que han tenido que parar sus actividades, gritan angustiados “¿Cómo vamos a alimentar a nuestras familias?”, “preferimos arriesgarnos a morir en la calle por el coronavirus que aceptar un encierro que nos matará de hambre”. Se han visto incluso, en varios países, manifestaciones de las trabajadoras sexuales (también los trabajadores), algo que es comprensible si se piensa en la casi total desaparición de sus clientes. Para unos, la crisis es como un largo sueño, para otros es una pesadilla insoportable.

Parece que no es una decisión fácil. Algunos estados han optado por el “aislamiento inteligente”. En Japón, el primer ministro Shinzo Abe dijo que no puede decretar encierro obligatorio, la historia de su país, plasmada en la Constitución de la posguerra se lo prohíbe. En Suecia y Holanda, países nórdicos europeos, y en Nueva Zelanda, Oceanía, los gobiernos confían mucho en la autorregulación y el autocuidado por parte de los ciudadanos. La cultura. En Estados Unidos, el presidente Trump, tal vez convencido de que el Covid-19 es un “cuento chino”, demoró mucho tiempo la decisión de obligar a los ciudadanos a permanecer en sus casas. Allí, en un solo día, se reportó la muerte de casi 2000 personas, la mayoría en la ciudad de Nueva York, por lo cual algunos responsabilizan al presidente de causar el crecimiento exponencial de los contagios y las muertes que, en todo el país, pasan ya de 13.000, con unos 400.000 contagiados. En Brasil, el jefe de Estado Jair Bolsonaro, calificó la enfermedad como una “gripita”, propiciando en el país actitudes de descuido y abandono que han generado una escalada enorme de los contagios y las muertes. En México el presidente López Obrador ha invitado a la gente a salir a las calles y a mantener una vida normal, a no paralizar la economía, antes de verse forzado a tomar algunas medidas de aislamiento. En Nicaragua, parece que las cosas son peores. El presidente Ortega no aparece y el contagio y la muerte crecen. En El Salvador, el presidente Nayib Bukele ordenó aislamiento total por 30 días y un subsidio de 300 dólares para un 70% de los hogares durante ese período. ¿Aislamiento “inteligente”?

En estos tiempos de miedos y terror al contagio y a la muerte, podría ocurrir que los pueblos decidan entregar a sus gobernantes la facultad de decidir por ellos acerca del grado de libertad que es necesario. Algunos plantean que esto puede ser un retroceso político, una degradación de la democracia y un estímulo a ciertas ideas autoritarias, antidemocráticas o totalitarias. En Filipinas el presidente Rodrigo Duterte ha arreciado sus acciones contra la oposición política y prácticamente ha autorizado la ejecución en la calle de quienes no obedezcan las reglas de la cuarentena. Se informa que en Perú se han levantado algunas restricciones jurídicas dejando a las fuerzas armadas más libertad para obligar a los ciudadanos a cumplir las normas de la cuarentena; ¿reprimir sin ser juzgados? En la India, se ha visto cómo autoridades de policía y hasta grupos de civiles golpean con garrotes a quienes infringen las normas.

En Colombia, las denuncias de algunos ciudadanos acusando a los policías de abusar de su autoridad al golpear violentamente a personas que aparentemente no hicieron caso de las medidas de encierro, fueron calificadas por otros como infundadas. “Bien hecho. Para que aprendan a obedecer”, expresaron. Algunos afirman que en tiempos de excepción, y estos lo son, pues al fin y al cabo se trata de una guerra contra un enemigo que es tan poderoso como invisible, los ciudadanos deben aceptar restricciones a sus libertades y derechos para garantizar su seguridad y sus vidas. A otros les preocupa que la existencia misma del estado de derecho y el estado social de derecho, esté en riesgo. Se exaltan los ánimos y se pide a las autoridades que se castigue a los infractores, que haya “mano fuerte”, que haya multas y cárcel para ellos, así las cárceles estén a reventar y reventando efectivamente por el hacinamiento consuetudinario. En un intento de fuga de ese infierno del confinamiento penal, murieron hace unos días 23 presos, al enfrentarse a las fuerzas del Estado.

¿Qué sería lo “inteligente” para tratar con los infractores?, se preguntan algunos. Actos que antes eran considerados simplemente como expresiones irrespetuosas o violación de las normas de cortesía, ahora son calificados como tentativas de homicidio. Así por ejemplo, toser en la cara de una persona, cuando se sabe que se está contagiado por el virus. Una película de 1995 (Epidemia o Outbreak) describió, visionariamente, cosas como estas, incluyendo el contagio por las gotas o rocío de saliva que cae sobre los demás cuando alguien tose sin cuidado. ¿Por qué China detuvo el crecimiento de contagios y muertes? Mientras allí la vida vuelve a la “normalidad”, el resto del mundo vive la pandemia. ¿Qué fue lo “inteligente” allí? ¿El régimen político de un solo partido o la cultura de la autorregulación?

Para Dan Patrick, vicegobernador de Texas, lo inteligente sería correr el riesgo de que mueran los más viejos, manteniendo la maquinaria económica funcionando. «Si alguien me propusiera que si como persona mayor estaría dispuesto a no sobrevivir a cambio de mantener la América que queremos para nuestros hijos y nietos, si este fuera el intercambio, estaría totalmente dispuesto», dijo. Presumía que son los ancianos los más afectados por el virus, pero no tuvo en cuenta quizás que han muerto personas muy jóvenes y sin tener enfermedades previas, en diversos países. ¿Primero la economía, sin dilemas morales o éticos?

Al parecer, lo “inteligente” tiene que ver con la prevención, con la preparación de los países para enfrentar tiempos de crisis como esta. Los que fortalecieron sus sistemas de salud invirtiendo ingentes recursos en ello, han demostrado estar mejor dotados para enfrentar la guerra sanitaria. Estados Unidos hizo esfuerzos con el presidente Obama, acogiendo a muchos ciudadanos desprotegidos (Obamacare), pero en la gran crisis se ha visto que la privatización de la salud pública no es un buen negocio, ni allá ni en ninguna parte y el presidente actual se ha dedicado a eso, a privatizar; parece lo normal en el American way of life. Camas, Ucis, medicamentos, enfermeras, médicos, los recursos materiales y el talento humano, había que tenerlos, y muy preparados. Por eso algunos países han podido aplicar algo de “aislamiento inteligente”. En Nueva York, el gobernador Cuomo ha tenido que confiscar recursos médicos del sector privado para ponerlos al servicio público. ¿Socialista? ¿Comunista?

En medio de todo, desde España llega un nuevo concepto, el de “covidiota”, aplicado a todos los que parecen ir en contravía del sentido común a la hora de salvar vidas. “Covidiotas” los que exigen a los médicos y médicas que no utilicen el transporte público, que se retiren de los supermercados porque pueden ser portadores del virus, ¡que se vayan para Marte! “Covidiotas” los que organizaron una parranda durante el funeral de un “capo” o “capito” en una ciudad colombiana, poniendo en peligro la salud y la vida de muchas personas. En general, aplican el neologismo a las personas que desacatan las normas del aislamiento obligatorio o voluntario acordado por los gobiernos. Otro neologismo ha surgido para decir que se está en cuarentena: “cuarenpena”.

La vida de guerra que muchos están viviendo por estos días, se refleja en los rituales mortuorios. Murió un famoso cantautor, Luis Eduardo Aute, al que en condiciones de previa normalidad habrían acompañado millares a la hora de su funeral. A un alma grande como esa, solo le acompañaron sus parientes más cercanos. Por acá, murió una gran maestra y pedagoga, Gloria Rincón que gozaba del aprecio de miles de educadores; pues casi sola debió ir a su morada final. Bien se sabe que hay muertos de una clase y muertos de otra, pero parece que en esto el coronavirus empareja a todos. Murió la madre de un famoso entrenador de fútbol español, muchos quisieran estar con él; pues bien, es posible que ni el hijo haya podido estar con su ser más querido en la hora del final, habida cuenta de las distancias imposibles de saldar por estos días. Dolor de muerte en la soledad. Relatos de un país vecino muestran que los ataúdes ya no son de madera sino de cartón, simples cajas aportadas por el Estado o por algunos empresarios; muchas personas tienen que llevar hasta las herramientas para cavar las tumbas de sus seres queridos, y eso cuando los han podido encontrar o rescatar en medio de una mortandad tal que las autoridades no se dan abasto para atender oportunamente tanta demanda mortal. En Nueva York, una isla cercana será convertida en cementerio temporal, dado el inusitado número de muertos producidos por el virus. En Sao Paulo, se han cavado centenares de fosas, sin muchos miramientos por el espacio, previendo lo que se avecina. Ya están agotadas las tumbas existentes en los camposantos.

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, nada!

Cali, Abril 8 de 2020, en el décimo noveno día de la cuarentena por Coronavirus, Con 2054 infectados, 54 muertos y 123 recuperados en Colombia, y 1.400.000 infectados, 83.400 muertos y 308.100 recuperados en el planeta (Universidad John Hopkins)

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