Del esperpento de Escazú al enfoque visionario de Jeff Bezos

Jeff Bezos
Jeff Bezos

Hace trescientos años, la revolución industrial dio inicio al desenfrenado afán de la humanidad de transformarse de colectividad rural hacia sociedades industriales migrando la población a ciudades. 

Cien años después, la migración y avances habían generado la expansión de la industria del acero y el sector de hidrocarburos, resultante de incremento poblacional hacia grandes urbes, el origen del automóvil como solución de transporte individual y el colectivo ferroviario, invenciones exigiendo gigantescas obras de infraestructura e inusitada demanda eléctrica.  

El consecuente uso energético del petróleo y sus derivados, generaron una contaminación sin precedentes. Se potenció el efecto invernadero, la lluvia acida, desencadenando cambios climáticos de calentamiento global afectando el equilibrio medio ambiental, destruyendo reservas naturales, capas árticas y exterminio de especies. La falta de conciencia en la adecuada eliminación y reciclaje del plástico, derivado del petróleo, lo han convertido en depredador de ríos, lagos, océanos y vida marítima.   

La conciencia y clamor de reversar la devastación causada por la humanidad se plasmó en la Cumbre de Rio de Janeiro de 1992 y subsecuentes compromisos de desarrollo sostenible de los últimos treinta años. A partir de 2012, diez gobiernos latinoamericanos impulsaron un convenio, ratificado en la ciudad de Escazú, Costa Rica, el cual fue presentado oficialmente en la Asamblea de Naciones Unidos del 2018. En diciembre de 2019, el gobierno Duque, a través del ministro del Medio Ambiente, aceptó como firmante formar parte del Acuerdo de Escazú. 

Como quiera que el Acuerdo es supraconstitucional, pues las controversias de su ejecución, serán discutidas, analizadas y juzgadas por cortes internacionales, es requisito sea aprobado por el Congreso, tramite que se encuentra en comisión de la Cámara de Representantes.

Colombia es diferente de otros firmantes desde el punto medio ambiental. Es uno de los países ambientalmente mas ricos del mundo. Su diversidad es insuperable. Cuenta con recursos hídricos inmejorables, régimen de lluvias con exactitud estacional, extensos ríos, dos océanos de enorme potencial piscícola, arrecifes coralinos en el archipiélago de San Andrés y Providencia, pulmón de selva amazónica, frondosos bosques húmedos y secos tropicales convirtiéndose en representante primordial, protagónica, fundamental y global en defensa del medio ambiente.      

No obstante, la importancia del acuerdo, el país no puede seguir ahogándose en infinitas querellas absueltas por tribunales de distantes burocracias desconociendo nuestra soberanía y autonomía. Se convierte en esperpento como ha sucedido con recientes intervenciones que han reversado la esencia constitucional y libertades propias de nuestro estado de derecho.

A diferencia de este tipo de tratados, en defensa del medio ambiente, la problemática debe ser desafiada con propuestas propositivas y acciones palpables de defender los nocivos cambios climáticos. 

En este sentido, Jeff Bezos, el hombre mas rico del planeta, con enfoque visionario, propuso la creación del Fondo de la Tierra comprometiendo recursos por US 10,000 millones en beneficio del medio ambiente.

Se benefician con donaciones y subvenciones, organizaciones que desde hace décadas adelantan gestiones exitosas en beneficio de la humanidad.

Varias de las organizaciones beneficiarias del Fondo de Bezos, tiene larga trayectoria en Colombia. 

The Natural Conservancy (TNC) adelanta cuatro programas en Colombia; reforestación, protección de fuentes hídricas, producción de alimentos en forma sostenible y protección de biodiversidad del Rio Magdalena. World Wildlife Fund (WWF) en protección y recuperación de manglares. World Resources Institute, en programas de ciudades sostenibles, seguridad vial, modelos de adaptación para cambio climático y reforestación.

Seria mas pragmático y productivo aportar recursos privados, fundacionales y estatales en fortalecer y cofinanciar existentes programas, replicando esta ejemplar propuesta, y no seguir encasillados en otra fútil maraña legislativa. 

Es un llamado al gobierno Duque, a través de Minambiente, Cancillería y embajadas estrechar lazos de colaboración y fortalecimiento a programas exitosos y no embarcarnos en insulsas y bizantinas discusiones de soberanía, autonomía y favorecimiento a frágiles, endebles y politizadas organizaciones, que al igual que el esperpento de sus contrapartes, legislan desde el desconocimiento burocrático de alejados escritorios capitalinos.   

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