El Hacha de la Guerra: Mantenerla Activada

Dr. Jose Anibal Morales Castro
Dr. Jose Anibal Morales Castro

El claro propósito del ex reo del Ubérrimo

La memoria histórica es indispensable para construir un futuro de paz para nuestro país. Eso es lo que hacen los ciudadanos colombianos que viven en los Estados Unidos y que han asumido la tarea de impedir que la verdad sea pisoteada, ante la decisión del ayuntamiento de un condado de Miami que decidió bautizar una calle con el nombre del «ilustre» colombiano Alvaro Uribe. Ellos decidieron “sembrar” la calle con los actos realizados por el expresidente..

Hay que advertir que la decisión del órgano colegiado no fue unánime, que hubo votación y que algunos comisionados cuestionaron la propuesta recordando que se trata de un expresidente acusado y procesado judicialmente por crímenes contra la humanidad relacionados con masacres, desapariciones, desplazamiento forzado, fundación y apoyo a bandas paramilitares.

El señor Uribe, reo por más de dos meses en su enorme hacienda del Ubérrrimo, ubicada en Córdoba, centro del accionar de las bandas paramilitares, una vez le fuera levantada la medida de detención preventiva, salió a rugir, no reconociendo sus delitos ni haciendo acto de contrición por todo el mal que a esta patria ensangrentada ha ocasionado, sino promoviendo como siempre lo ha hecho la campaña para «hacer trizas la paz» y acabar con la JEP, la Comisión de la verdad y demás órganos de justicia transicional que están tratando de que, con base en la verdad, se pueda hacer justicia real y alcanzar algún día la paz para tantos colombianos que han sufrido en carne propia el oprobio de la guerra.

Así como en Miami salieron unos colombianos a sembrar y mostrar testimonios de la verdad, aquí, al referendo propuesto por el «presidente eterno», es de mero sentido común, de lucha por la sobrevivencia, plantearle un camino alterno enraizado en la defensa de la vida y de la paz. Sin duda. El senador Roy Barreras, quien se ha separado de la U (la casa primero U-ribista y luego santista) ha planteado otro referendo para revocar al presidente Duque. Se sabe que con las normas constitucionales vigentes, ese es un objetivo de imposible realización. Sin embargo, gran parte del pueblo colombiano estaría interesada en apoyar la noble causa de quitarle el mandato a un presidente que no ha sabido estar a la altura del cargo, que se ha limitado a obedecer las órdenes del «presidente eterno» convirtiéndose en títere obsecuente de sus deseos. En su gobierno lo que hemos visto es el incremento inusitado de la muerte, de las masacres, de la pobreza y de la miseria, del desplazamiento forzado, la reactivación sin freno de las bandas paramilitares y criminales en grandes zonas del país. No estaría de más que el pueblo se volcara hacia ese propósito, al mismo tiempo que defiende los principios y valores de la paz.

En realidad, lo que se requiere es una gran movilización contra las políticas públicas de corte fascista, autoritario y dictatorial que el gobierno Duque está implementando. Lo que queda de democracia y de Estado social de derecho está en grave peligro. “Uribe desenterró el hacha de la guerra”, ha titulado su columna una periodista que funge como tal pero que es realmente uno de los alfiles que sirven a la secta en su propósito de acabar con la paz y mantener vivas las semillas de la guerra que nunca han desaparecido de la faz de nuestro territorio. Es un titular bien traído, describe perfectamente los objetivos que el ex reo del Ubérrimo se propone: mantener viva la guerra, fomentar los odios que matan, aceitar las maquinarias del desplazamiento y la expropiación forzada de las tierras de los campesinos; así se han enriquecido los clanes que dominan vastas regiones del país. Lo único que podríamos cuestionar del titular, por imprecisa, es la adjetivación “desenterrar”, ya que nunca el hacha ha sido enterrada, siempre ha estado activa (en muchas ocasiones, es cierto, se convirtió en motosierra).

Otro titular de una importante revista nacional describe también el comportamiento del expresidente y sus intenciones: “Cargado de tigre”. Esgrime sus garras el tigre, con ánimo revanchista, va por los tribunales, los jueces y las Cortes “mafiosas” que no se plegaron a sus designios nefastos y convoca a los ingenuos seguidores a que lo sigan en su malévola intención, pretendiendo que se haga realidad la afirmación del criminal Pardo Hasche, encarcelado, cuando le decía a Monsalve, el principal testigo de las hazañas paramilitaristas y de las masacres presuntamente cometidas por Uribe, que este “es como Dios”.

Confiamos en que poco a poco se vaya produciendo el despertar del pueblo al enterarse, al menos en parte, de todos los hechos criminales en los cuales siempre resulta vinculado de alguna manera su “dios”.

Hay que detener el ascenso del fascismo impulsado por la ultraderecha y ello solo será posible mediante la conformación de un amplio movimiento nacional de unidad, sobre acuerdos básicos. Muchos egos tendrán que quedar a cubierto, la salvación de la nación lo amerita.

Periodistas a quienes se les niega el visado para permanecer en el país, líderes sociales asesinados, masacres reiteradas, líderes políticos y periodistas perfilados por las fuerzas armadas del Estado, el señalamiento de la minga indígena y de cualquier protesta social como expresión de grupos guerrilleros o de ser simples “resentidos sociales”, todo ello simboliza la intención de la ultraderecha de retener el poder utilizando cualquier medio. Creo firmemente que la violencia que se está viviendo en diversas regiones, está siendo tolerada (al menos) por el gobierno; allí no existe el monopolio de las armas por el Estado. Otras fuerzas gobiernan y deciden quién vive y quién muere.

En los Estados Unidos, otro fascista está exacerbando la guerra y la violencia entre la población civil, propugnando el racismo, la misoginia, el supremacismo blanco, el desprecio por la democracia y la separación de las ramas del poder, la mentira y el engaño como instrumentos de poder. La diferencia es que allá, al menos hasta ahora, la violencia estatal o la acción de grupos para-estatales contra la población no se ha materializado en el desangre social que en Colombia sí hemos tenido por décadas.

El hacha es un símbolo de la forja de la nación colombiana, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX. La colonización antioqueña es su más patética expresión. Hoy, sin embargo, podría ser un símbolo de muerte, muerte de los árboles, extinción de la naturaleza depredada por la humanidad. Aun así, prefiero el hacha en manos de los campesinos trabajadores, roturadores de la tierra, y no en manos de los guerreristas que la utilizan para otros fines, sin importar que como medio para llegar a ellos se utilice el cercenamiento de vidas valiosas para la patria.

A moverse pues! Y moverse no es solo marchar físicamente, es también abrir foros de diálogo y de debate que sirvan para avanzar en la clarificación de la verdad histórica, es reflexionar e invitar a los demás a hacerlo, es leer, es escribir, difundir, generar centros de pensamiento por doquier. En todo caso, sí tendremos que confluir en la manifestación en las calles, siempre pacífica y fraterna, masiva pero respetuosa de los otros y otras. Lo que está en juego es la civilidad, la ciudadanía y sus derechos, la democracia y los derechos de los trabajadores de todos los sectores. Nadie estará seguro nunca en manos de la arbitrariedad y de la dictadura. Y eso es lo que el fascismo predica. Nos queda poco más de año y medio para trabajar.

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra, la muerte y la violencia, …nada!

En Cali, a los 18 días de octubre de 2020, cuando en Colombia la pandemia del Covid-19 ha contagiado a 959.000 y matado a casi 29.000 personas, mientras que en el planeta los contagiados llegan a 39.900.000 y los muertos son ya 1.100.000, mientras que la violencia endémica nos proporciona los siguientes hechos: “…son 971 los indígenas, campesinos, afro, sindicalistas, mujeres y ambientalistas, entre otros, los asesinados desde el 24 de noviembre de 2016 hasta el 15 de julio de 2020 ” (Indepaz).

En 2020 se han producido 67 masacres que ocasionaron la muerte de 267 personas (fuente ídem).

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