El valor de una mujer en la corte y la dignidad de la justicia

Ruth Bader Ginsburg
Ruth Bader Ginsburg - Fuente : https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ruth_Bader_Ginsburg_2000.jpg

Varios hechos nos ponen a pensar en lo que sería una nación sin justicia

En el templo de la justicia de los Estados Unidos están hoy velando los restos de una mujer insigne, una mujer que supo comprender el valor de la justicia y el significado de ser ella la segunda mujer que ocupaba una magistratura en la Suprema Corte. Rut Bader Ginsburg está siendo despedida como una heroína de los derechos humanos, muy especialmente de los derechos de las mujeres, de la equidad de género, pero no solo por esto. También los inmigrantes y los que propugnaron por un matrimonio igualitario la recuerdan con gran aprecio. ““Ninguna ley o política debería negar a las mujeres la plena ciudadanía, la misma oportunidad de aspirar, lograr, participar y contribuir a la sociedad en función de sus talentos y capacidades individuales”, dijo en uno de sus fallos.

Su cadáver fue expuesto en las afueras de la imponente edificación de la Corte Suprema de Justicia para que los ciudadanos puedan rendirle el homenaje que se merece. Su reemplazo se ha convertido en un punto de álgido debate entre los conservadores y los progresistas en ese país, lo cual se refleja en la lucha electoral que lideran Trump y Biden por los republicanos y los demócratas, respectivamente. Allá, el presidente es quien postula a los magistrados ante el senado. La juez Ginsburg proclamó, como su última voluntad, que no se eligiera su reemplazo sino hasta después de realizadas las elecciones presidenciales. El presidente Trump ha decidido no acatar esta petición y postulará una juez conservadora, quedando en juego, y en grave peligro, los avances logrados con el aporte de Ginsburg en el campo de los derechos humanos.

Ese recinto que hoy alberga los despojos mortales de esta emblemática defensora de los derechos humanos, me pareció, cuando alguna vez pude apreciarlo de cerca, demasiado magnificente para la sencillez y el equilibrio que la justicia debe proyectar siempre. Sin embargo, hoy me digo que tal vez esa magnificencia es necesaria para resaltar el inigualable valor de la justicia en un Estado de derecho. Dos estatuas adornan el acceso al edificio, “La autoridad de la ley” y “La contemplación de la justicia”. En uno de sus frentes se puede leer la frase “Justice, the guardian of liberty” (La justicia, guardiana de la libertad).

En el palacio de la justicia de Colombia se resalta en grandes letras la frase “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”, original del General Francisco de Paula Santander. Esta sentencia grabada en el frontispicio del nuevo edificio levantado sobre las ruinas del destruido recinto de la Corte Suprema de Justicia, es un símbolo de lo que hoy no podemos olvidar. Así como se rinde homenaje en el templo de la justicia de los Estados Unidos a la juez Ruth Bader Ginsburg, en nuestro país, el nombre del nuevo palacio, Alfonso Reyes Echandía, nos debe iluminar a todos el camino, para que, siguiendo las enseñanzas de este preclaro jurista de nuestra patria, Presidente en ese entonces de la Suprema Corte, masacrado por las balas y el fuego de los violentos (guerrilla del m-19, ejército, policía), no permitamos que colapse el Estado de derecho, pues se halla en grave riesgo si uno de sus pilares fundamentales, como es la justicia, es desacatado, mancillado y atropellado por el gobierno (poder ejecutivo) del presidente Duque, como ha ocurrido hoy de la manera más vergonzosa.

La justicia sobrevivió al despropósito del M-19 y a la no menos desproporcionada reacción de las fuerzas armadas del Estado, cuando en 1985 los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (la más alta majestad de la rama judicial por esa época) fueron sometidos a la más atroz y violenta agresión. Doce de ellos murieron a causa de las balas o del incendio provocado por los violentos.

Hoy, ante el abierto desacato del presidente Duque y su ministro de defensa al fallo de tutela proferido por la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, toda la ciudadanía debe rodear a la justicia y exigir el respeto absoluto por su dignidad. ¿Para qué se creó en 1991 ese instrumento revolucionario que es la acción de tutela? Pues para garantizar la efectividad de los derechos humanos de los colombianos. Eso es lo que está en juego en estos momentos de nuestra historia patria. El presidente se puso el chaleco de la policía en el momento equivocado, pues ese chaleco acababa de ser mancillado nítidamente por hombres que ningún favor le hicieron a la imagen de esa institución ante el pueblo colombiano. Es el chaleco cuestionado hoy por el histórico fallo de la Corte Suprema, en el cual exigen que se rectifique el camino, que se reconozcan los errores cometidos, que se rechacen abiertamente las conductas arbitrarias y homicidas de algunos miembros de la fuerza pública, que se pida perdón a la ciudadanía ofendida por esas conductas, y que se reconozca también el derecho a la protesta social pacífica.

Prefieren el presidente, su gabinete y su partido, siguiendo los lineamientos inmodificables del jefe máximo, desde El Ubérrimo, manifestar y ejercer la solidaridad de cuerpo, enviando una perversa señal a las víctimas del abuso policial. Demostrado queda esto, con el discurso del presidente en la ONU. ¿En qué país vive nuestro joven presidente? Es evidente que el jefe de Estado no reconoce la existencia del genocidio que se acrecienta día a día con nuevos asesinatos y masacres de jóvenes, de campesinos, de niños, de líderes sociales. Ni una mención de este país real en su discurso.

El desacato ha sido evidente, absoluto y atroz, pues no se puede alegar que invocar la intervención de la Corte Constitucional es un recurso legal que tenga el gobierno en este caso. No es así. El fallo debe cumplirse. No hay otra instancia. La Corte Constitucional revisará la tutela si lo halla procedente y pertinente.

Los derechos humanos que pide la Corte respetar, no son ni de derecha ni de izquierda, son solo el mínimo ético que todos los ciudadanos debemos respetar para poder garantizar la convivencia civilizada, pacífica, democrática.

¿Cómo podemos garantizar que el ejecutivo respete la soberanía de la justicia y de sus órganos? Movilicémonos veloz y activamente. Es la defensa de la democracia, del Estado social de derecho, de los derechos humanos, de la vida, la salud y la libertad de todos y todas. No es nada que no sea esencial para todos los colombianos. No se trata de ser izquierdista o derechista, petrista o uribista, aguas tibias, o centrista. Es la humana y digna convivencia, y sin el respeto por la justicia ella no será posible. Pa delante!

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra, la muerte y la violencia, nada!

Cali, Septiembre 23 de 2020, cuando en medio de la incertidumbre de la humanidad, la pandemia de Covid-19 ha contagiado a 784.268 y matado a 24.746 colombianos, mientras que en el mundo ha contagiado a más de 31 millones y matado a casi un millón de personas.

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