En el día nacional de los derechos humanos poco para celebrar

Derechos Humanos
Derechos Humanos

Los derechos humanos siguen siendo incómodo cuestionamiento para los autócratas.

Los derechos de los indígenas…

Recordamos a Fray Bartolomé de Las Casas, que en el siglo XVI, desde su visión católica pero ecuménica, de cura dominico, se enfrentó, a su manera al poder monárquico español para denunciar la masacre de la que eran víctimas los pueblos indígenas en América. Breve relato sobre la destrucción de Indias…

Recordamos también a Manuel Quintín Lame quien, tal vez sin conocer mucho de la teoría de la desobediencia civil que había predicado Henry David Thoreau en el siglo XIX, dedicó su vida en las primeras décadas del siglo XX a luchar por los derechos de los pueblos indígenas de Colombia, por la defensa de la propiedad ancestral de sus tierras contra la acumulación violenta e ilegal de la propiedad por parte de los terratenientes de las grandes familias criollas. A Alvaro Ulcué, el sacerdote indígena continuador del legado de Quintín Lame y demás héroes de los derechos humanos.

Los derechos de los negros…

Otrora esclavos. Recordamos a San Pedro Claver, quien sintió la injusticia del trato inhumano contra los afrodescendientes sometidos al comercio de carne humana y a la esclavitud inmisericorde por parte de los blancos europeos y los criollos.Recordamos a Benkos Biojó, a los cimarrones y palenqueros que lucharon a muerte por su libertad, a Martín Luther King, a Malcolm X y sus “panteras negras”…a tantos y tantas.

Los derechos de los campesinos…

Recordamos las luchas por una reforma agraria integral nunca realizada, la reforma agraria y constitucional de Alfonso López Pumarejo en 1936 como un hito importante pero insuficiente en el camino por la transformación de la Colombia feudal, católica, atrasada y explotadora de los campesinos y trabajadores.

Recordamos a todos los hombres y mujeres caídos en la lucha por la defensa de la propiedad de la tierra para los que la trabajan, a los que hoy todavía caen, en su papel de líderes que no se inclinan ante el terror aupado por terratenientes, narcotraficantes, ganaderos y élites del país apoyados por grupos paramilitares y algunos miembros de las fuerzas armadas del Estado que no reconocen los derechos adquiridos ni siquiera por haber sido decretados en fallos judiciales.

Los derechos de las mujeres…

Ahh…tan lejos de la equidad de género, discriminadas, violentadas por los señores de la guerra y los violentos enquistados en el hogar patriarcal y machista., y también por los patrones que siguen viendo a las mujeres como seres inferiores. Ahí están las estadísticas de ingresos y condición social de las mujeres en el país. Ahí están también los testimonios de las mujeres agredidas violentamente en las calles o en sus domicilios por los violentos de las sectas que se dejan domesticar por mantras anclados en prédicas y comportamientos fascistas (“¡Te rompo la cara m…!”)

Los derechos de los niños y las niñas…

Muy recientemente reconocidos, aún objeto de graves violaciones en el hogar, en la escuela, en todos los espacios y niveles. Ven todavía discutirse proyectos de increíble existencia en el Congreso de la República…uno para que se eliminen totalmente los castigos físicos a los niños y las niñas. Aún hay muchos que consideran inconveniente su eliminación. Se perderá el poder, el control, de los padres, de los adultos, de los mayores, sobre los menores. ¡Ah temor! Es lo mismo con el Estado. El empoderamiento de los ciudadanos y ciudadanos, en la defensa de sus sacrosantos derechos, los hace incómodos, perturbadores, subversivos, sujetos de represión. Así, los derechos humanos siguen siendo un tema cuyo interés se atribuye especialmente a la izquierda, a los socialistas, a los “castrochavistas”, a los comunistas, a los “enemigos del orden”. No fue diferente hace unas décadas. Bajo el presidente que quiso reducir la corrupción a “niveles razonables”, ser defensor de los derechos humanos también significaba ser guerrillero o terrorista, subversivo, y por ello muchos pagaron altos costos: represión, tortura, cárcel, exilio, desaparición, muerte (recordamos hoy a la escultora Feliza Burstin).

Si se habla de polarización, y si en un polo están los violadores de los derechos humanos, los enemigos de la paz, los enemigos de la igualdad social, de la equidad de género, de los derechos de los niños y las niñas, es claro que en el otro estarán los que defienden la vida y demás derechos exponiendo su propia existencia en esa trascendental tarea. De esta manera, es imposible no estar en un polo. Por ello, resulta tan extraño el lenguaje de quienes dicen que no debe existir la polarización. En realidad, frente a los derechos humanos, o estás en un polo, o estás en el otro. No hay término medio. O estas en favor de ellos o estás en su contra.

¿En cuál estás tú?

“Para la vida y la paz, todo. Para la guerra, la violencia y la muerte, nada!

En cali, a los 9 días del mes de septiembre de 2020, en medio de la pandemia que se niega a retroceder y que ha contagiado a 679.513 y matado a 21.817 colombianos, mientras que en el mundo ha contagiado a más de 27 millones de personas y matado a casi 900.000.

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