¿EPM repetirá la suerte de EMCALI?

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Hace mas de treinta años los antioqueños enviaron una comisión de observadores, invitados por la administración municipal caleña, con el fin de conocer de primera mano el éxito corporativo y pujanza de la empresa de servicios caleña, EMCALI. La comisión, admirada por el gobierno corporativo, claridad de objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo de todos sus componentes, además de expresar admiración por la empresa caleña consideraron era el ejemplo y modelo perfecto para el desarrollo de las Empresas Publicas de Medellín, EPM.

Siguiendo el exitoso modelo corporativo de EMCALI, en la década de los noventa, cuando el estado promulga la ley de servicios públicos como marco legal para modernizar la estructura de las empresas prestadoras de servicios públicos, el alcalde Mauricio Guzmán Cuevas, uno de los más visionarios administradores públicos que la historia reciente de la ciudad eligió, presentó al Concejo de la ciudad la escisión de los diferentes componentes de EMCALI. Con sapiencia y plena disertación, aprobó la restructuración requerida para enfrentar el cada día más competitivo y complejo mercado. Así se dio vida a cuatro empresas independientes conducentes a concentrar esfuerzos en servir eficientemente la población. Los tres componentes energía, acueducto & alcantarillado y telecomunicaciones, reportaban a una cuarta entidad que ejercía labores financieras, administrativas y de planeación conservando una unidad monolítica gerencial. Esta misma estructura la incorporó EPM, lo cual catapultó exitosamente la empresa, convirtiéndose en envidia nacional de administración publica.

Ricardo Cobo Lloreda, quien sucedió a Mauricio Guzmán, encontró preparado el terreno para continuar el proceso. Sin embargo, su administracion fue desventurada en permitir presiones injustificadas ejercidas por una fortalecida organización sindical vociferando “conquistas y derechos laborales”, segando la realidad del cambiante sector y consecuentemente obligando a presentar ante el Concejo Municipal la unificación de los componentes escindidos, formando de nuevo una sola empresa paquidérmica, burocratizada y politizada. 

El error histórico de esta motivación, propia de la miopía de ideologías socializantes, desencadenó el fracaso corporativo de EMCALI, eventualmente obligando a prolongada e insulsa intervención por la Superintendencia de Servicios Públicos. Veinte años después de la desafortunada decisión no ha podido superar la consecuente perdida absoluta del mercado de telecomunicaciones a eficientes operadores privados. Aun continua el desgreño administrativo, el secuestro sistemático de enquistados carruseles de contratación, objeción permanente de la fuerza sindical a cambios estructurales que requiere la empresa, sumados al voraz y destructivo apetito burocrático de la clase política.

EMCALI se convirtió de piloto ejemplar a modelo fallido.

Recientemente, el alcalde de Medellín, empieza el largo, tortuoso y fracasado camino recorrido por EMCALI, interviniendo autoritaria e irresponsablemente decisiones de buen gobierno corporativo de la segunda empresa publica estatal mas importante del país, después de ECOPETROL. 

La visión corporativa, empresarial y de mercado no puede ser sometida a la alucinación de ideologías.   

Ojalá la admirable raza antioqueña, aquella que modeló EPM a semejanza de EMCALI, hagan caer en cuenta al alcalde Quintero Calle, de su grave y peligroso error conceptual. 

EPM no puede repetir la desdicha de EMCALI. 

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