Estado dónde estás… Dónde?

Gobierno
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Que permites, toleras, incubas, y hasta…estimulas (?) el asesinato de la gente que defiende la vida. Ayer indígenas, campesinos, mineros, trabajadores de cualquier rincón de la patria, hoy un hombre entregado a la defensa de la naturaleza, de la tierra, del planeta, un ambientalista.

Hoy, cuando se ve con más claridad que nunca, probablemente, que esta peste en que se ha convertido la humanidad para las demás especies de la naturaleza, no puede seguir haciendo lo que hacía antes de la pandemia, es decir, destruir el ecosistema, destruirse a sí misma; hoy, se mata, se sigue matando a quienes nos ayudan en el propósito esencial de defender la vida.

Dónde has estado, Estado, cuando has permitido que la pandemia del conflicto armado se extienda, que sobreviva a todos los intentos de los amigos de la paz por ponerle fin definitivo?

Pandemia del conflicto armado, así ha llamado el Padre Francisco de Roux, a la tragedia que ha vivido nuestra patria por tantísimos años, generando el confinamiento de campesinos, de indígenas, de intelectuales, de líderes sociales de todas las procedencias, de hombres y mujeres que se levantan contra la injusticia de las condiciones sociales y económicas que los abruman y los destruyen. Esa pandemia está vigente, no la frena el coronavirus.

Sí, muchos han vivido ya, por largas décadas, el confinamiento, el encierro forzoso, el aislamiento total de su gente. Muchos por el desplazamiento forzado dentro de su propia patria, otros obligados a mendigar abrigo en tierras extrañas: exiliados. Nuestro egregio Nobel también lo vivió. De no haberse ido, probablemente no habríamos podido leer lo tanto que produjo. Era la crónica de una muerte anunciada, pero a tiempo evitada.

La misma que le anunciaron a Alejandro Llinás en la Sierra Nevada de Santa Marta, misma que, no por avisada, sigue siendo inevitable para tantos compatriotas.

Y, entonces,…Estado, dónde estás que permites a los violentos reventar nuestra tierra y saquear y romper sin compasión aquel valor por el que hoy tantos miles de trabajadores de la salud mueren a diario, la vida, la sagrada existencia de nuestra gente! Dónde, dónde estás? ¿Quiénes son que nada puedes contra ellos? ¿Por qué circulan y se mueven por nuestros campos y ciudades como si fueran sus dueños y señores, sin dios ni ley? ¿Tal vez, sí son los dueños y señores? ¿Tal vez, reptan entre uniformes de nuestra fuerzas armadas, invaden sin límites nuestros órganos de justicia, y comparten las curules de nuestros honorables legisladores?

Estado, dónde, dónde estás?

Para la salud, la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, nada!

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