Hay un virus más poderoso que el Coronavirus…

Gobierno
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!Miradlo, oídlo, leedlo! y no lo olvidamos.

Corroe, las entrañas de Colombia, corrompe a la pobre gente de nuestro país, a los pobres sin vivienda, sin alimentos, sin educación y sin salud, y también a los pobres de espíritu, fácilmente alienables.

Corroe, con cincuenta con cien mil pesos compra votos, compra conciencias, mueve poder, sincroniza movidas, sin importar la procedencia, narcos, terratenientes, empresarios de la industria, del comercio, de las finanzas, ay, de las finanzas, miembros corruptos de la fuerzas armadas del Estado, no todos claro, pastores de uno y de otro lado, reinas y reyes … funcionarios públicos, ejércitos privados.

Es un virus que parece incontenible, tradicional, engordado, fortalecido, con alimentos multicolores, del rojo, del azul, de sus vástagos coyunturales…

Mata, se nutre de la muerte, del hambre, del sufrimiento y las necesidades perennes del pueblo, aterra, desplaza a miles, su hábitat es el frío del miedo y del terror, son los tambores de la guerra y la violencia, se debilita, con la criptonita del amor, de la solidaridad, de la fraternidad, con el calor de las movilizaciones populares, con el olor de la justicia y de la paz, con los abrazos y los sueños juveniles y utópicos

Ya existía antes de 1930, de la gran recesión, se llevó a unos cuantos poderosos, destruyó miles de vidas, y luego de los 30, Steinbeck en las Uvas de la Ira nos mostró su estela aterradora, de sufrimiento y de dolor se enquistó en la Colombia amada, antes de Gaitán, y desgarró el vientre de nuestra patria en los cincuenta, en los sesenta…. los trecientos mil muertos de la gran violencia liberal conservadora, de chusmas y chulavitas, le deben mucho.

Campea aún ocho millones de víctimas desde 1985, repta en el legislativo, en el ejecutivo, en el judicial, en los órganos de control, sigue matando no a uno, ni a dos, ni a mil, a centenares de miles, más contagioso y letal, sin duda, que el coronavirus, a este lo destruirá la humanidad fraterna, aislándose para sobrevivir como comunidad, creando puentes de afecto universal sanador, pero del virus, del gran virus de La corrupción, viven muchos, los manipuladores y los manipulados, ¿Cómo, cómo dime, podremos acabarlo, exterminarlo de una vez y para siempre?

Pongamos en su lugar al coronavirus, ajustemos cuentas con él, y nos encontramos para seguir con el otro, con ese monstruo que nos corroe, nos vemos el 25, en el aislamiento, en la soledad que nos fortalece,
paradójicamente, sumaremos fuerzas, cantaremos a la italiana, bailaremos a la colombiana, y pueda ser que entonces entonemos con Beethoven la novena sinfonía, su cuarto movimiento de hermandad universal y entonces, finalmente cantemos también.

Ay! Qué orgulloso (a) me siento de ser colombiano (a)!

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