Heroes y heroínas verdaderos

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En tiempos de pandemia “Se habían hecho inmortales, como los dioses, porque tampoco a estos los vemos, sino que de los honores que se les tributan y de los bienes que nos dispensan conjeturamos que son inmortales y esto mismo cuadra a los que mueren por la patria”. Pericles, citado por Plutarco de Queronea en “Vidas paralelas”.

Como la hemos aprendido, la historia nos hace recordar las épocas casi siempre en relación con los hombres que han brillado en ellas. Incluso para Thomas Carlyle, el historiador británico, las cosas eran totalmente claras: “A mi modo de ver, la historia universal, lo realizado por el hombre aquí abajo, es, en el fondo, la historia de los grandes hombres que entre nosotros laboraron”. Hizo el historiador unas disertaciones acerca de una clasificación posible de los héroes: el héroe como divinidad, el héroe como profeta, el héroe como sacerdote, el héroe como hombre de letras, el héroe como rey. Sabemos que la suya es una visión más bien conservadora y reaccionaria de la historia, que hay otras que consideran que la historia depende de las realizaciones de las grandes masas populares (al decir de Marx, por ejemplo), o de la raza, o de la geografía (tal vez Montesquieu) o de dios (Bossuet).

Pero aquí, lo importante es resaltar que nuestra visión de la historia está llena de héroes, más que todo hombres, guerreros, conquistadores, capitanes de grandes ejércitos, subyugadores de pueblos. La misma mitología nos lo recuerda así, ¿quiénes eran si no Aquiles y Ulises en la visión homérica? Aquiles mismo es un símbolo de la vida heroica, destinada a las grandes hazañas. El héroe simboliza el atrevimiento, el riesgo, el peligro, la fuerza, la violencia, la lucha incesante por el poder, la realización de hazañas a veces inimaginables. Así, vienen a la memoria las imágenes de Alejandro Magno, de Julio César, de Lancelot, de Napoleón, de Bismarck, de Bolívar y tantos otros. Entre los nativos americanos también los encontramos claro, por ejemplo a Petecuy en lo local y a Pachacuti en el imperio Inca, entre otros. La historia de la humanidad es la historia de las guerras dirigidas por hombres, han dicho algunos. Y ahí lucen los héroes.

Pero, hoy, pregunto, ¿quiénes son nuestros verdaderos héroes y heroinas? ¿Aquellos que se dedican a conquistar, a vencer a otros hombres o pueblos mediante el ejercicio del poder y de la violencia, a hacer la guerra para conquistar territorios? Es claro y evidente que no. Nuestros héroes y heroínas son, en primer lugar, los médicos, médicas, enfermeros (as), trabajadores (as) de la salud que en todo el mundo y en Colombia están arriesgando su vida para salvar las de otros. Síii! Para salvar a los demás, para salvar a la humanidad de una amenaza que se extiende de manera inimaginable, que nos abraza y nos oprime hasta ahogar a muchos. Escribiré el nombre de uno de ellos, como símbolo, por ser Italia en ese momento la nación más agobiada por el virus y la muerte: Roberto Pezzela, héroe, y con él los médicos, médicas y trabajadores de la salud de Italia, de China que murieron luchando para detener la propagación del virus. Y con ellos sus antecesores, los que dedicaron sus vidas a encontrar la cura para enfermedades devastadoras como la tuberculosis, la lepra, a Fleming que ayudó con los antibióticos, a Jenner que inició el camino de las vacunas, y tantos (as) otros (as).

Pero también son héroes los sacerdotes que están dando consuelo a las almas acongojadas hasta el final, llegando incluso a la muerte, como nos lo reportan desde Italia. Y también los trabajadores de todo el mundo que no pueden quedarse en casa porque de ellos depende que los demás vivamos, aquellos del acueducto, de la energía, del aseo, de las clínicas y los hospitales, los militares y policías que deben hacer cumplir las normas de aislamiento, etc.

Este momento histórico doloroso, trágico y mortal, nos sirve también como oportunidad para re-valorar la vida, para cerrar puertas a los predicadores de la guerra y de la muerte, a los violentos de todas las estirpes. Es el momento de exaltar el valor de aquellos y aquellas que siembran vida, que defienden la vida, que sanan vidas, que aman vitalmente. Aprendimos que no es ya el momento de los conquistadores, de los guerreros, de los depredadores de la tierra y de la humanidad. Sincronicemos nuestras mentes y nuestros corazones, seamos un solo ser planetario para sumar fuerzas por la vida, para tender lazos y redes de apoyo espiritual y material para que los salvadores (as) de vida se fortalezcan y puedan seguir cumpliendo su heroica misión, la de sanar y salvar vidas.

Encendamos una vela por sus vidas y también por las de los líderes y lideresas que en Colombia y en el mundo ofrendan su existencia luchando por sus derechos y los derechos de los demás. Será una luz de esperanza, de aliento optimista y de solidaridad universal.

Para la salud, la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, nada!

PD: ¿Cómo haremos para garantizar las vidas de quienes no tienen trabajo ni ingresos permanentes y viven del día a día? El gobierno y la sociedad civil deben liderar acciones protectoras. Ahí estamos todos y todas. Por ahora aportamos un poco quedándonos encerrados, aislados, pero…

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