¡Izquierdistas! Son izquierdistas! No pueden ser entonces defensores de la verdad

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El padre Francisco de Roux, la Comisión de la verdad y monseñor Monsalve tienen algo en común

“Se diría que hemos hecho el voto de odiar a nuestros hermanos, ya que nos sobra religión para odiar y perseguir y no tenemos bastante para amar y socorrer”.

Voltaire, Contra el fanatismo.

Es de admirar todo lo que los seres humanos podemos hacer bajo la pretendida intención de alcanzar la objetividad, en un entorno marcado por la polarización ideológica, los prejuicios y hasta las supersticiones. La periodista María Andrea Nieto, al servicio de la revista Semana, se propuso demostrar, con espíritu muy “neutral” y “objetivo” cuál es la tendencia ideológica de los 11 magistrados de la Comisión de la verdad. En el vídeo que elaboró para tal fin, parte de las aseveraciones del señor ex ministro de defensa nacional, Juan Carlos Pinzón, quien sostuvo que algunos miembros de la Comisión tienen nexos y afinidades ideológicas con grupos armados, que por eso ella “no es creíble. Tiene visión sesgada y se debe incorporar nuevos miembros que den balance y confianza”.

Cuando la Comisión de la verdad le pidió que se retractara, no lo hizo, sino que, al contrario, ratificó sus denuncias y dijo que “personas de esta entidad están alineadas con una de las partes que aspiran a que su visión de los hechos se convierta en la única verdad”. La argumentación del ex ministro es clara y deja evidenciado el hecho de que él es un integrante de la “otra part “que dice no está representada en este órgano creado en el Acuerdo para una paz estable y duradera entre el gobierno y la guerrilla de las Farc (Sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición).

Hagamos entonces el ejercicio de clarificar cuáles son “esas partes”. La periodista mencionada quiso ayudar en este desvelamiento de la verdad. Dijo que el Padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión, es un hombre respetable, que sus hermanos han hecho política con el partido liberal y con el partido verde, que la lucha por la paz lo hizo aliado del presidente Santos, por lo cual fue y es mirado con desconfianza por el uribismo. La comunicadora explicó (sin que se vea la relevancia del hecho por haber sido este desvirtuado) que en 2018 fue víctima de un montaje para vincularlo directamente con el ELN, pero que el Padre “logró” aclarar las cosas. Dijo también que la desconfianza del uribismo viene desde al menos 2011 cuando declaró ante la Corte Suprema de Justicia que Salvatore Mancuso le informó que él tenía que hacer que la gente votara por Alvaro Uribe en las elecciones de 2002. Así perfiló la periodista al presidente de la Comisión de la verdad. Viene a ser una mácula en su vida que su hermano Carlos Vicente de Roux haya sido consejero presidencial para los derechos humanos y juez de la Corte Interamericana de derechos humanos. ¿Quedaron claras las inclinaciones del sacerdote? (y también las de su familia). Izquierdista, sin duda. Bueno, agregó que algunos lo consideran “el apóstol de la paz”.

Luego, siguió describiendo las cualidades de cada uno de los magistrados de la Comisión.

Sobre Lucía Gonzáles afirmó que en un trino dejó clara cuál era su ideología política, al decir, cuando las Farc se convirtieron en partido político, que “estoy de fiesta porque las Farc constituyeron su partido político, no solo respeto sino que comparto sus principios”. Recordó que trabajó también en la oficina del alto comisionado para la paz haciendo pedagogía en las comunidades.

La magistrada Marta Ruiz es pareja del politólogo e investigador (pero también desmovilizado) León Valencia, por lo cual deja entrever que su ideología es de izquierda.Sobre Alejandro Valencia Villa resalta su amplia experiencia a nivel internacional como defensor de los derechos humanos. Parece claro que esto lo hace también de izquierda.

María Angela Salazar fue activista de derechos humanos en el Urabá antioqueño, fundó la casa de la mujer en los tiempos en que Gloria Cuartas era alcaldesa de Apartadó (aserto que parecía necesario para demostrar su tendencia izquierdista); ha buscado la justicia y la verdad para las víctimas de las autodefensas. “Al revisar a la magistrada pues, es muy clara su ideología de izquierda”, aseveró la periodista.

Sobre Maria Patricia Tobon Yagarì, mujer embera, trabajó en la ONU, consultora para derechos humanos y para los indígenas, y “algo particular, reúne caracteristicas importantes, mujer indígena, de una etnia que ha sufrido los males del conflicto y también es jurista”. Por todo esto, es claro que es de izquierda.

Saúl Alonso Franco Agudelo, médico y docente, afirmó que es uno de los comisionados reconocidos con una ideología neutral.

Carlos Martìn Beristain, extranjero, en su hoja de vida se puede ver un recorrido de defensa de los derechos humanos., humanista y en la resolución de conflictos en Latinoamérica. Parece claro también su perfil de izquierda.

Alejandra Miller, docente de la Unicauca: “revisando., se puede ver que es una mujer vehemente, se puede reconocer una clara corriente ideológica de izquierda”, precisó la comunicadora.

Alejandro Castillejo, trabajò en las comisiones de la verdad y la reconciliación de Suráfrica y del Perù. Es un defensor de los derechos humanos. ¿También de izquierda? Claro.

Carlos Guillermo Ospina, “mayor retirado del ejército, tiene por su formación castrense una ideología de derecha”. Resulta claro, de acuerdo con el criterio de la periodista, que la formación castrense enmarca al magistrado en la ideología derechista.

A continuación, la conclusión de la comunicadora: “Lo que se puede decir es que nueve de los once magistrados han trabajado en derechos humanos, en resolución de conflictos, varios han pasado por Naciones Unidas y se les puede reconocer como de corriente ideológica de izquierda”. Ser defensor de derechos humanos, promover la transformación pacífica de los conflictos, haber trabajado en organismos de derechos humanos de la ONU, es el perfil de personas de izquierda. ¡Queda claro!

En las líneas que copiamos en seguida, parece percibirse una intención expresa de la periodista en relación con la valoración del trabajo de la Comisión: “Y una cosita más…cuándo será que la Comisión de la verdad va a recibir a las mujeres víctimas de Rosa Blanca…tienen mucho que denunciar acerca de los abusos sexuales cometidos por guerrilleros”. Sobre esta pregunta, que más bien luce como una afirmación, se le indagó a la Coordinadora Regional del suroccidente de la Comisión de la Verdad, Dra Diana Brito, quien contestó que nunca ha sido posible dialogar con ellas, dado que no han querido comparecer ante la Comisión cuando se les ha citado.

¿Cuáles son entonces las dos partes de las que habla el señor ex ministro Pinzón y que repiten en coro los seguidores del uribismo o del Centro democrático? Para ellos son dos: los partidarios de los acuerdos de paz de la Habana con las Farc y, de otro lado, los sectores opuestos radicalmente a este proceso de paz. Por tanto, en ese esquema de ideologización y polarización, los defensores de ese proceso de paz son, per se, identificados con el movimiento guerrillero, desmovilizado o no. Izquierda y derecha se alinean alrededor de ese proceso; no hay nada diferente.

De esta manera, el padre Francisco de Roux y todos los que promueven la defensa de la vida y demás derechos humanos son encasillados en el sector amigo de las Farc, son aliados de la guerrilla o, incluso, miembros de ella, más allá de si esta existe o no realmente. No es extraño, desde hace mucho que ser promotor y defensor de los derechos humanos en Colombia es ser izquierdista, guerrillero o socialista-comunista. Podemos recordar la terrible tragedia de quienes denunciaban la violación de los derechos humanos en la época del presidente Turbay, hacia 1980. Irremediablemente eran encasillados en las listas de guerrilleros, ya fuesen del M-19, de las Farc, del ELN o del EPL. La persecución, la captura arbitraria, la tortura, el asesinato, el exilio, estuvieron a la orden del día. El mismo García Márquez, a pesar de ser una de las glorias de la patria, debió exiliarse para evitar ser objeto de persecución.

Lo ocurrido hace unos días con monseñor Darío de Jesús Monsalve se inscribe en el mismo marco. Él, angustiado como humanista que es ante el asesinato sistemático de líderes sociales y de desmovilizados de la guerrilla, expresó públicamente que todo esto no es más que una “venganza genocida” practicada por el gobierno del presidente Duque y sus seguidores, señalando que se había retornado a la guerra. De inmediato, los sectores afines al uribismo y al Centro democrático pidieron la destitución del prelado. Dentro de la misma Iglesia católica se ven las “dos partes” a las que nos hemos referido, las jerarquías descalifican a monseñor Monsalve, pero muchos sacerdotes saben que lo que dice es la evidente y prístina verdad, por lo cual lo que amerita es respaldo, pero no lo pueden dar porque estaría mal visto y, la mayoría, no quiere ser percibida de esta manera.

Así pues, el fondo de todo es la posición que se asume frente a los derechos humanos, a la dignidad de la persona humana, a su integridad. La verdad es que el padre Francisco de Roux no puede defender a violadores de los derechos humanos, provengan de donde provengan, y así lo ha demostrado a lo largo de su vida. El problema es que muchos de los responsables de estas violaciones han estado siempre vinculados a los sectores sociales y económicos que representa el uribismo y el Centro democrático: ex jefes del DAS, ex ministros, parlamentarios, dirigentes de grandes gremios y grupos económicos, latifundistas y ganaderos (como los asociados en Fedegan, la de Jorge Visbal Martelo, condenado por paramilitarismo, y de José Felix Lafaurie), militares y policías, ex embajadores, constituyen la pléyade de personas que, relacionadas de una u otra manera con el narcotráfico, el paramilitarismo y la consecuente violación de los derechos humanos, se reúnen en una de “las partes” para defenderse y acusar a todos los que denuncian sus crímenes (incluído el genocidio del que habla Monseñor Monsalve, que es real) como aliados de la guerrilla o del “castrochavismo”, izquierdistas, mamertos, enemigos de su paz, que es la paz de los sepulcros, que es el statu quo de desigualdad, de inequidad rampante, de muerte y de injusticia indecible.

Esta es la realidad de nuestro país, esta es la verdad. En la Comisión de la verdad lo que hay es un grupo de humanistas, de defensores de los derechos humanos, sin duda. Para equilibrar, para “hacer balance” como dijo el exministro, ¿habría que nombrar en ella a algunos enemigos de los derechos humanos? ¿Esa es la manera de avanzar en la búsqueda de la verdad? Así lo hizo el gobierno al nombrar en el Centro Nacional de Memoria histórica a un enemigo del proceso de paz y arrodillado seguidor del uribismo. Ya ha dejado ver que avanza, no por el camino de la verdad sino hacia la no-verdad.

A pesar de todo el tiempo transcurrido, a pesar de los enormes esfuerzos desplegados por tantos seres humanos en favor de la paz y de la convivencia armónica, el fanatismo y la intolerancia denunciados valientemente por Voltaire en el siglo XVIII, siguen vigentes en nuestra época y en la conciencia de muchos colombianos. “En definitiva, el interés del Estado es que los hijos expatriados vuelvan con modestia a la casa de su padre; la humanidad lo requiere, la razón lo aconseja y la política no puede asustarse por ello”, escribía el filósofo (El elogio de la tolerancia, o Contra el fanatismo). Para algunos, lo único posible es la desaparición física del enemigo, utilizando los medios que sea; recurrir al genocidio es uno de ellos.

Debo recordar que vivimos en un Estado social de derecho, y este es un principio fundante de gran envergadura que implica para el gobernante el sacrosanto compromiso de promover y garantizar la defensa de los derechos humanos de todos los ciudadanos, la vida en primer lugar. Los derechos humanos son el mínimo ético de la convivencia, y el Estado debe garantizar que ello sea así. La separación y la independencia de las ramas del poder político debe servir firmemente a ese propósito, tal como lo planteó Norberto Bobbio (Liberalismo y democracia). Así, la lucha por los derechos humanos no es el mero capricho de unos cuantos.

Los amantes de la vida, los “biófilos” no podemos cruzarnos de brazos ante las fuerzas de la muerte. Aún en estos tiempos en que hasta los virus se ensañan con los pueblos más indefensos, debemos sumar fuerzas por la vida y por la paz. No se puede ser neutro o “tibio” en este propósito esencial. Ser o no ser, he ahí el dilema.

¿De qué lado estás?

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, nada!

Cali, julio 20 de 2020, en la XVIII semana de cuarenpena a causa de la pandemia por el Covid-19, con 197.200 contagiados y 6.736 muertos en Colombia, y 13.8 millones de contagiados y màs de 590.000 muertos en el planeta. El mismo día en que se posesiona como presidente del Senado otro integrante de “la parte” enemiga de los derechos humanos, traficante de votos: Arturo Char, de la élite tanatófila.

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