La censura de las redes sociales ante la infodemia

Whatsapp
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Hace veinte años, el fabricante de celulares BlackBerry introdujo en su dispositivo un teclado y una plataforma con el fin de combinar y tener opción de mensajes de voz y texto. La facilidad de enviar mensajes desde el celular paso de ser tendencia a necesidad en procura de la inmediatez en la comunicación. No era necesario estar al frente del computador personal o de escritorio para enviar y recibir mensajes. Parte del éxito de la campaña presidencial de Barack Obama le fue atribuido a su BlackBerry, pero quizás lo importante fue la utilización masiva de nuevos medios, es decir mensajes de texto, de voz, imágenes y audios empleando incipientes teléfonos inteligentes que eran consultados permanentemente.

En el 2009, dos ex empleados de Yahoo, Jan Koum y Brian Acton, consideraron era el momento propicio para desarrollar una plataforma similar, la cual podría ser ampliada al uso de otras marcas de celulares diferentes a BlackBerry, como los demás de característica Android y los Iphones.

Su desarrollo tuvo un inusitado éxito. Los usuarios empezaron a bajar la aplicación conocida como whatsappintegrando redes de amigos, familiares, grupos empresariales y de común interés. A los cuatro años tenia una base de suscriptores superior a 200 millones de usuarios y un año después, con 400 millones de usuarios el emprendimiento fue vendido al precursor de redes sociales, Facebook. Por US $ 19 mil millones. La base de suscriptores de Facebook al 2020 es de 2,800 millones de usuarios, o sea la tercera parte de la población global. Whatsapp ostenta aproximadamente 2,000 millones de beneficiarios y Youtube de Google registra un numero similar.

El desarrollo de las aplicaciones es tan ágil y dinámico que las autoridades están atrasadas en regular y reglamentar contenidos y su uso. Las citaciones a órganos legislativos de los representantes de las plataformas son insustanciales y triviales con poco efecto de ordenación. Existe especulación improbada que en las ultimas elecciones de dignatarios, tanto en Estados Unidos, como de otros países, el uso de las plataformas fue decisivo en los resultados, alejados de las regulaciones de organismos de control electoral.

Por otro lado, las redes sociales, se han convertido en tribunas de comunicación, sin filtro, ni censura alguna. Millones de usuarios suben información, videos y adjuntos, algunos sin veracidad alguna generando noticias falsas y especulativas atentando contra la información fidedigna y veraz que los medios tradicionales de comunicación esmeradamente ejercen desde sus comités editoriales.

El ultimo año, fuimos inundados con información infundada de millones de novatos epidemiólogos, científicos imaginarios, apocalípticos profetas de destrucción y aves de mal agüero. La difamación a la cual han sido expuestos, global y localmente, dirigentes políticos, empresariales, filántropos, por constantes y nocivas calumnias son inaceptables y reprochables. 

Mientras no exista censura en redes sociales es función de los administradores de los grupos vigilar sigilosamente la información subida y denunciar ante los operadores de las plataformas el mal uso que algunos usuarios suministran.

No podemos pasar de la pandemia a la infodemia.

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