La creación de empleo es prioridad absoluta

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En la ultima encuesta divulgada por el DANE, de la precipitosa caída de abril, la cual alcanzó -20,17 en el indicador de tasa de crecimiento económico, se ha reversado la tendencia y mejorado la perspectiva en el corto plazo al situarse en un -9,55 en el mes de julio. Siguiendo con la grafica metodológica de señal semafórica, la mayoría de sectores aun están en señal roja, y tan solo la agricultura y la actividad inmobiliaria están en verde. 

Desafortunadamente el resultado de cuatro meses de confinamiento y estrangulación económica disparan la tasa de desempleo a un preocupante 20,2 %, que comparada al mismo mes del año anterior del 10.7%, es alarmante crecimiento de 9,5 puntos porcentuales. El numero de personas desocupadas pasó de 1,9 a 4,55 millones.

Ante los aterradores registros, la ansiosamente esperada reactivación económica no puede detenerse. El gobierno ha hecho grandes esfuerzos fiscales en otorgar subsidios dirigidos a la población mas vulnerable, especialmente al 50% de empleos informales. Pero llega el momento donde la cobija estatal no puede extenderse y es ineludible impulsar actividades e iniciativas privadas de emprendimiento, generadoras de empleo formal y tributos fiscales.

El estado, sea nacional, departamental o municipal, no puede equivocarse en el concepto. No es su función ser empleador y absorber el torrente de desocupación. Debe convertirse en gran facilitador.

Las obras publicas, cacareadas como dinamizador, son cantos de sirena. Las modernas técnicas constructivas son cada vez mas automatizadas, empleando eficientes equipos y tercerizando la fabricación de estructuras de concreto o metálicas. Esta generación de empleo es temporal, mientras se ejecutan las obras. 

La función primordial del estado es generar condiciones para una rápida y ágil creación de oportunidades de empleo formales, estables y duraderos. Debe impulsar el emprendimiento mediante incentivos fiscales y tributarios, reformas a las rígidas e inoficiosas plataformas exigidas para creación de empresas, evoluciones en la legislación laboral, facilitando y agilizando procesos de formalización. No se puede cohibir o limitar la iniciativa individual. Contrariamente hay que fortalecer e incentivar la imaginación emprendedora. 

Los casos exitosos de emprendimiento en la época de pandemia son incalculables. Plataformas tecnológicas virtuales, comercio electrónico, domicilios, servicios ambulantes, excelencia en salud, procesos de limpieza y desinfección son apenas un puñado de iniciativas que las condiciones adversas permitieron. Lo importante es facilitar la incorporación de estas iniciativas como actividad normalizada, creadoras de empleo formal y contribuyentes de tributos fiscales. Contrariamente seguirán floreciendo en la informalidad evadiendo responsabilidad social y económica.

La construcción de vivienda, en un país con mentalidad de propietarios, es un verdadero impulsador económico. La irrigación de recursos impacta una amplia infinidad de sectores, a su vez, multiplicadores de empleo.

El sector salud, exitosamente dedicado a la pandemia, con cientos de miles de intervenciones represadas, crecerá exponencialmente, impulsando la inmensa gama de productos y servicios asociados. 

Terminada la temporada de hibernación, salir a disfrutar la riqueza natural del bello país que tenemos, disfrutar de su infinidad cultural y gastronómica impulsará la actividad turística generadora infinita de empleo formal, irrigando recursos indirectos en mantenimiento vial, vehicular y combustibles.

“Después de la tormenta llega la calma”, dice la sabia reflexión.

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