La lucha desigual contra el narcotráfico encuentra luz al final del túnel

Coca
Coca

En la década de los años setenta las redes de contrabando del mundo entero, encontraron en el trafico de narcóticos, la sustitución ideal para dejar atrás la engorrosa logística de pesadas y voluminosas cargas de licores, perfumes, electrodomésticos y cigarrillos.

El Caribe Colombiano se había convertido en gran productor de marihuana. Es de fácil cultivo y era sembrada en los hermosos parajes de condiciones agronómicas excepcionales de la Sierra Nevada de Santa Marta.  Era la época dorada de la «bonanza marimbera». El “terroir”, de clima, suelo y semilla de las variedades costeñas, proveía un espectacular producto, encontrando un receptivo y lucrativo mercado en el país norteño norteamericano. 

La Guajira, bella y aislada península, de envidiable ubicación, se había convertido en el corredor ideal contrabandista. Nuevos, sofisticados y precoces actores reemplazaban el tradicional comerciante guajiro. Era la época dorada de la conocida «bonanza marimbera».

Por este mismo tiempo, la dictadura militar de Augusto Pinochet, había cortado el corredor del narcotráfico cocalero de Bolivia al Pacifico, que pasaba por el desértico norte chileno. La salida al mar era mas tortuosa y difícil por las selvas peruanas, situación que eventualmente abrió el camino de Colombia como destino de pasta concentrada para su procesamiento y la facilidad de usar las establecidas rutas “marimberas”. 

Como situación aislada pero coyuntural, los norteamericanos habían iniciado sus propios cultivos marihuaneros, en invernaderos climatizados, iniciándose el descenso de la dorada bonanza. Estos apartados factores fueron el génesis del perfilamiento de los narcotraficantes y carteles colombianos. 

Encontraron en la cocaína, un vasto, inexplorado, virgen y excepcionalmente lucrativo negocio. Se amasaban fortunas de un día para otro. Los territorios, de corte feudal, servían a la cúpula del cartel, actuando como máxima autoridad. Las zonas de cultivo, rutas, logística, transporte y mercados obedecían a la misma jerarquía. 

La perseverancia de las fuerzas armadas en estrecha colaboración con estamentos aliados de lucha contra el narcotráfico fue fundamental en la extinción de los fuertes carteles hacia finales del siglo. Sin embargo, quedó el mas nocivo de los tentáculos del narcotráfico. 

Una narco guerrilla, transformada de simples guardianes, a cultivadores, procesadores y traficantes. De intermediarios crecieron horizontalmente, desde el cultivo hasta el negocio minorista. Este ultimo es una de las raíces de las pandillas urbanas, bandas criminales de alto impacto desestabilizador social, azotando vecindarios de pobladas ciudades y convertidas en santuarios de enseñanza de falsas ideologías.

La narco guerrilla, aprovechó su envejecida ideología socializante permeando la institucionalidad legislativa y judicial del país. Conquistando simpatía y consentimiento internacional se convirtieron en voceros calificados, engañando al estado a suscribir leoninos acuerdos de paz, que a todas luces favorecieron la impunidad de sus actos demenciales y delictivos.

Amparados en la anterior plataforma lograron suspender la aspersión de cultivos de hoja de coca con glifosato. Han obstaculizado, y con anuencia de algunos tribunales, la colaboración de aliados en la lucha contra el narcotráfico. En colaboración de vecinos países, respaldados por simpatías ideológicas, generaron puertas giratorias permitiendo la impunidad, manteniendo la dirección incólume del negocio, protegiendo los vastos corredores que permiten control y trafico de sus actividades delincuenciales. 

Los programas de sustitución de cultivos, pese al esfuerzo del gobierno, sector privado y fundacional, registra 40,000 hectáreas transformadas, pero a la vez el área cultivada en hoja de coca no disminuye. Las nuevas siembras se refugian ante la fragilidad y casi inexistente presencia del estado en zonas protegidas por confusa legislación de asignación de la tercera parte del territorio nacional.   

Para el gobierno del Presidente Duque, la encrucijada es compleja. Debe ejercer el poder soberano conquistado electoralmente en defensa de la honra de la población civil, respeto a las fuerzas armadas, observancia constitucional continuando, con firmeza, la lucha infatigable contra el mayor flagelo, multiplicador de innumerables conductas delictivas, que es sin lugar a dudas el narcotráfico.

Los últimos favorables acontecimientos de enderezar el rumbo dan razón de institucionalidad y autoridad.

Adelante, señor presidente, el pueblo decoroso, casto y unido lo respalda.

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