Momento histórico de proyectar la Colombia del siglo XXI

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Los efectos económicos la crisis pandémica causará en la economía global es de inconmensurable impacto. Atestiguaremos fundamentales y estructurales cambios que sacudirán los cimientos propios del comercio y orden internacional. El renovado juego por el poder económico global traerá extraordinarias oportunidades de crecimiento y desarrollo económico. 

La visión histórica del dinámico avance experimentado en la segunda mitad del siglo XX respondiendo a impulsar la devastación causada por la segunda guerra mundial, la cascada de conflictos ideológicos de la guerra fría y nuevos modelos económicos que cambiaron sustancialmente la balanza comercial tanto de las economías establecidas como de nuevos actores emergentes, será punto referente y ventana de los cambios que nos depara el futuro cercano.

Hemos presenciado el ocaso del fracasado modelo ortodoxo económico socialista, caracterizado por la propiedad estatal de los medios de producción, colectivismo agrario, apoyado en proteccionismo y dirección estatal buscando inexistencia de clases sociales y un estado omnipotente, autoritario, antidemocrático y dictatorial. Con excepción de Cuba y la influencia de Fidel Castro en Venezuela, Rusia y China, los principales actores del estándar socialista transformaron sus modelos sociales, políticos y económicos.

China había transformado, desde 1978, su modelo económico al concepto de economía socialista de mercado, creando una serie de zonas económicas especiales para la inversión extranjera, exentas de regulaciones burocráticas e intervenciones estatales permitiendo un acelerado crecimiento económico. La economía creció a niveles del 9.5 % anual, convirtiéndose en la segunda potencia después de Estados Unidos. El PIB se multiplicó por diez, los ingresos per cápita crecieron, aproximadamente, al 7% anual, y la pobreza absoluta registró una disminución del 41% al 5 % en las primeras tres décadas del modelo aplicado.

Cuando a finales del siglo XX y comienzos del presente entendimos el significado de la palabra globalización, termino acuñado y preciso, que delineó el proceso mediante el cual se integraron economías locales confluyendo modos de producción, libertad de movimientos de capital en búsqueda del dinámico crecimiento del mercado global de la sociedad de consumo, China y los países emergentes asiáticos utilizaron el concepto para dinamizar su desarrollo.

Mientras China avanzaba en un concepto dinámico de su economía, Colombia escribía la década de los años ochenta como la mas violenta del siglo. Se debatía ante la influencia siniestra del narcotráfico, fracasados procesos de integración de grupos alzados en armas y asesinatos de lideres políticos y candidatos presidenciales.

En búsqueda de nuevos acuerdos políticos era impostergable un proceso de reforma constitucional, convocando una Asamblea Constituyente, mediante la votación de la séptima papeleta, iniciativa de grupos estudiantiles, liderados, entre otros estudiantes, por Fernando Carrillo y Claudia López, en marzo de 1990. 

Dada la coyuntura del marco histórico del país, en la conformación de constituyentes fue importante la participación de nuevos actores políticos, diferentes a los partidos tradicionales, como Alianza Democrática M-19, Unión Patriótica y Movimientos Indígenas. 

La Asamblea creó la Constitución del 91. Fundamentada en modelos de mayor representación ciudadana, generó la creación de un sinnúmero de estamentos jurisprudenciales que alimentan las controversias jurídicas, políticas y económicas, otorgando poderes supra gubernamentales e implantando constantes e inconvenientes normas interpretativas en contravía de un desarrollo mas dinámico del sector productivo privado.

Lamentablemente los programas de énfasis en procesos de equidad y derechos socioeconómicos constitucionales han originado cargas impositivas al sector productivo, las cuales, a través de innumerables reformas tributarias, aproximan tasas de contribución cercanas al 70% de sus utilidades.

Ante la realidad del momento y contrario a iniciativas de reformas tributarias, pensionales, laborales o judiciales, como solución cortoplacista al efecto de la pandemia es menester pensar en un cambio constitucional de visión a largo plazo.

Debemos recoger las bondades de la Constitución del 91 en un proyecto constituyente de reconstrucción de nación ante la realidad actual del país y de un mundo diferente al de 1990. 

Un estado mas pequeño, menos jurisprudencial y normativo, de mayor eficiencia, marcada iniciativa y respaldo al sector productivo, otorgando seguridad jurídica a la inversión privada e invitando capitales extranjeros colocarían a Colombia como un nuevo estado emergente competitivo y globalizado integrándose al nuevo orden global, generando empleo, aportando recursos para programas de inclusión y de alto impacto social a la población.

No se debe castigar el emprendimiento y mucho menos continuar con un estado asistencialista que empobrece espiritualmente su población. 

Un fuerte y consolidado sector productivo privado con capacidad de aprovechar las oportunidades que se avecinan por cambios estructurales de los grandes actores socio políticos de poder y comercio internacional es garantía de generación de empleo formal y estable. La privilegiada ubicación geográfica de Colombia es nuestra mayor fortaleza.

Es el momento histórico de proyectar la Colombia del siglo XXI mediante el cambio estructural de su constitución.

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