Monumentos y estatuas son símbolos históricos

Sebastian Belalcazar
Sebastian Belalcazar

La escultura es considerada una de las mas atractivas expresiones de las bellas artes. El artista escultor se dedica a tallar sobre piedra, madera, mármol, hierro, bronce u otros materiales, imágenes que perdurarán en el tiempo dejando un legado histórico. 

Las clásicas esculturas griegas fueron el origen de tendencias artísticas mediante las cuales las culturas plasmaban imágenes de la época tributando acontecimientos o figuras, con infinito detalle a semejanza del cuerpo humano. 

Las civilizaciones de los pueblos americanos, olmecas, mayas, aztecas, incas, entre otros dejaron una magnifica e imponente manifestación artística a través de estatuas de gran tamaño y realismo en homenaje a sus culturas.

En Colombia, los Parques Arqueológicos de San Agustín y Tierra Adentro, abrigan vestigios de milenarias, anónimas y desconocidas culturas, que igualmente rinden homenaje a su ancestralidad indígena.

Contar la historia a través de expresiones artísticas, sean pictóricas, lienzos, murales, vitrales o esculturas son el puente tendido que une la memoria auténtica de la humanidad.

En Agosto de 2013, tras el golpe militar que derrocó al presidente egipcio Mohamed Morsi vándalos asaltaron y saquearon el Museo Nacional de Malawi, en Egipto, destruyendo y robando la colección milenaria histórica, albergada en el Museo.  

El 24 de agosto de 2015, el grupo extremista Estado Islámico, conocido como ISIS o Daesh, dinamitaron los templos de Bel y Baalshamin, y posteriormente el Arco de Triunfo de la antigua Palmira, construidos hace dos milenios, ubicada en Siria y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1980.

Ambos incidentes han sido calificados por la UNESCO como execrables crímenes de guerra, en violación a protecciones del Derecho Internacional Humanitario.

Colombia, a través de sus movimientos indigenistas, no puede engrosar estos demenciales actos de incomprensible barbarie destruyendo la memoria histórica cultural. 

Cuando los indígenas del pueblo Misak derribaron la estatua de Sebastián de Belalcazar, en Popayán, desafiaron la autoridad bofeteando la pacifica convivencia del pueblo caucano con su delirante proceder.

El icónico monumento caleño a Belalcazar no puede ser objeto de vandalismo, atropello o depredación siguiendo el ejemplo desquiciado de ISIS o el pueblo indígena Misak.

La torpeza, ignorancia y estupidez humana no puede disfrazarse de insurrección.

La historia no cambiará destruyendo sus símbolos. 

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