Pasividad gremial o exceso de prudencia

Valle del Cauca
Valle del Cauca

Hace pocos días, en Candelaria, Valle, el senador y ex candidato presidencial Gustavo Petro, en su acostumbrado discurso incendiario e infundado, se refirió en términos acusatorios de criminalidad al sector azucarero vallecaucano. 

En palabras textuales dijo “porque también hay que decirlo aquí en este lugar, a esta mafia política asesina también la está apoyando además del Presidente, los grandes consorcios del azúcar y de la caña que nos rodean…… son los políticos de los empresarios de la caña de azúcar los que están asesinando en el Valle del Cauca…”

Ninguno de los gremios que representan los agricultores y agroindustriales se han pronunciado condenando semejante insensata temeridad que se configura penalmente como acusación criminal. 

Ni ASOCAÑA, ni el capitulo de la SAG del Valle del Cauca, ni PROCAÑA, este último del cual fui fundador hace 46 años, han salido a defender la honra, honestidad y arduo trabajo de cientos de miles de familias que desde hace más de ciento cincuenta años contribuyen con el desarrollo regional y del país. 

El sector es y ha sido la columna vertebral del desarrollo económico y bienestar social de la región. Genera aproximadamente 200 mil empleos formales directos, es alto multiplicador de indirectos e irriga incalculable beneficio social en educación, salud, bienestar y vivienda. En virtud al sector, el Valle del Cauca es el departamento con mayor número de ciudades intermedias del país e importantes centros de investigación de relieve global. La infraestructura vial, protección de acuíferos, reforestación de cuencas hidrográficas cordilleranas, generación eléctrica, grandes represas y cientos de miles de kilómetros de jarillones para la regulación de inundaciones, son solamente algunas de las iniciativas que el sector agroindustrial en asocio con el sector publico han cimentado con ahínco, dedicación y perseverancia en los últimos dos siglos.

La prudencia adoptada por los gremios de no entrar en polémica actitud contestaría no puede ser excusa para no pronunciarse frente a la incontinencia verbal incendiaria del exguerrillero, hoy congresista por defecto constitucional.

El gobierno central en cabeza del Presidente Duque, y la clase política nacional, a quien también acusa, difícilmente pueden reaccionar si no existe mayor activismo, unión y solidaridad entre el sector productivo amenazado, la clase política insultada y los organismos del estado.

Es lógico entender que los representantes gremiales deben consultar con sus directivas las acciones a emprender. Pero también es cierto, que el sector gremial se convirtió en comodín de conveniencia para que sus representantes aspiren a altos cargos burocráticos de representación. 

¿Es preferible una prudencia de intereses personales o un pronunciamiento coherente de transcendental elocuencia, con determinación y fortaleza en defensa de sus agremiados, la región y la razón de existir como asociación?
¿O contrariamente, seguiremos silenciosamente quejándonos y lamentándonos del infortunio que nos lleva al abismo regional, sin defender el legado que con tenacidad, lucha y valor las generaciones anteriores forjaron?

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