Querido viejo, Queridos viejos

día del Padre
día del Padre

TAITAS, VIEJOS CANSADOS,
VIEJOS PRESENTES, VIEJOS AUSENTES,
VIEJOS DESAPARECIDOS,
VIEJOS DETENIDOS, VIEJOS EXILIADOS
VIEJOS AMOROSOS,
VIEJOS INDISPENSABLES,
VIEJOS OLVIDADOS,
VIEJOS ABANDONADOS,
VIEJOS ENCLAUSTRADOS,
VIEJOS EN CUARENPENA,
VIEJOS POLÍGAMOS,
VIEJOS LEALES Y FIELES,
VIEJOS TRABAJADORES,
VIEJOS EDUCADORES,
VIEJOS CAMPESINOS,
VIEJOS INDÍGENAS,
VIEJOS AFRODESCENDIENTES,
VIEJOS CREATIVOS, VIEJO SOLIDARIOS,
VIEJOS REVOLUCIONARIOS,
VIEJO REACCIONARIOS,
VIEJOS MACHISTAS, VIEJOS PATRIARCAS,
VIEJOS EXPLOTADORES, VIEJOS INSENSIBLES,
VIEJOS MATARIFES,
VIEJOS HPS
VIEJOS AL FIN…

Para todos los viejos del mundo, unas palabras sobre la icónica canción de Piero de Benedictis, el italiano argentinizado, o el argentino enraizado italiano, en su propia voz, sobre cómo compuso esta joya musical y social, con la ayuda de su amigo y compositor José Tcherkaski. Cuenta este, también periodista, que en los versos de la canción evoca a su padre ruso.

Compuso la canción “a cuatro manos” con Piero, como ya habían hecho con tantas: Pedro Nadie, Juan Boliche, Si vos te vas, Llegando llegaste, etc. Luego, igual que Piero, sufriría el exilio en España, a raíz de la dictadura militar en su país.

Piero narró los avatares del surgimiento de la canción, así:

“Un día de pronto llegamos, nos pusimos a trabajar y salió de una, en un ratito estaba hecha. Y nos gustó, tenía fuerza. Al terminar, me dieron unas ganas locas de cantársela a mi papá, pero, claro, mi papá era joven, apenas tenía 48 años. Igual me fui corriendo, moría por cantársela y ver su reacción. Justo estaba solo en casa. Así que cierro la puerta, descuelgo el teléfono y me lo llevo al living; agarro la guitarra, saco la letra, la pongo sobre la mesita y le digo: “Escucha este temita nuevo”. Y arranco a cantárselo: Es un buen tipo mi viejo… Yo lo miro desde lejos… Con tranvía y vino tinto… Entonces levanto la vista y lo veo llorando. Nunca lo había visto así. Empecé a llorar yo también, apenas sí podía hablar: Viejo, mi querido viejo… Y así la tercera, la cuarta estrofa. Un verdadero parto hasta el estribillo final. ¡Por fin terminé! ¡Uf! Ahora, que diga lo que quiera”.

Parece que el impacto inicial no fue muy placentero para el homenajeado progenitor, nos cuenta el emblemático representante de la canción social latinoamericana:

“Esperé. Él seguía llorando descaradamente. Yo también. No me contenía, llorábamos a la par. Pasaron como tres minutos de silencio: una vida, una eternidad. Saca el pañuelo, seca sus ojos, me mira, limpia sus anteojos, se organiza, se incorpora, me mira fijo y me dice: —¡Ma quien camina lento, la puta que te parió!” (Tomado de la Revista Soho).

Era el año de 1969.

Hoy, en 2020, en plena presencia de la pandemia de coronavirus, mucho amor para todos los viejos queridos del mundo y que ese amor les sirva de escudo para defenderse de la parca.

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, …nada!

Cali, junio 21 de 2020

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