Si a Uribe lo ponen preso…

Álvaro Uribe Vélez
Fuente : Wikipedia - Recortada de la versión de Flickrː CANCILLER GARCÍA BELAUNDE CONDECORA A EMBAJADORA DE COLOMBIA EN EL PERÚ

La majestad de la justicia se pone a prueba.

“Si a Uribe lo ponen preso, les doy una pésima noticia a sus malquerientes: no se acabarán todos los problemas que tiene Colombia. Tampoco llegará la paz que todos deseamos. Quizás la violencia se agudice. La corte tiene la palabra”.

Esto es lo que dice la periodista Vicky Dávila, furibunda seguidora del ex presidente, sabiendo que lo que dice tiene una amplia difusión en el país dado su papel de columnista y directora de programas en la revista Semana. En sus palabras, va un mensaje claro a la Corte Suprema, “cuidado con lo que decide, mire las consecuencias que puede producir”.

Los demócratas solo debemos pedir que el Estado de derecho funcione, que los jueces obren con la independencia y la rectitud que les exige el orden constitucional y la conciencia moral. Hace muchos años, en pleno auge del cartel de Cali, un juez se negó a aceptar la oferta de un millón de dólares para torcer una decisión. Como este han sido muchos los hombres y mujeres que en la rama judicial han dedicado su vida a cumplir sus funciones apegados a la verdad verdadera, yendo incluso más allá de la mera verdad procesal. A algunos (as) de ellos (as) eso les costó la vida.

¿Se puede confiar hoy en la pulcritud, la transparencia y la autonomía de los magistrados de la honorable Corte Suprema de Justicia? Es verdad que hasta la misma Corte Constitucional ha sido permeada por la corrupción, el “carrusel de las togas” también la enlodó. Sin embargo, como en todas las instituciones las máculas no son lo único que ha de mirarse para hacer juicios de valor acerca de su desempeño. Las Cortes han estado conformadas en diversas épocas por honorables hombres y mujeres, de un altísimo nivel profesional, jurídico y moral.

Las presiones que están recibiendo los magistrados de la Corte Suprema por estos días deben ser gigantescas, sobre todo en medio de un país tan “polarizado” entre sectores políticos que tienen justamente como punto de referencia la vida y la obra del señor expresidente y senador Uribe. Esa es la misma Corte que autorizó la extradición de paramilitares, de narcotraficantes, de guerrilleros, la misma que condenó al ex ministro Andrés Felipe Arias, la que condenó a los “parapolíticos”. Para uno de los “polos” la Corte ya “está jugada”, piensa que desde hace tiempo “la cogió” contra Uribe y sus seguidores. Otros, decimos que lo que ha sucedido es que son tantos y tan evidentes los hechos de corrupción e ilegalidad en los que se han visto vinculados hombres y mujeres del entorno del expresidente, que ha resultado demasiado visible la actuación de los magistrados contra este sector.

En fin, los magistrados de la Corte, como todos los jueces de la República deben seguir este mandamiento constitucional:

“Artículo 230. Los jueces, en sus providencias, sólo están sometidos al imperio de la ley. La equidad, la jurisprudencia, los principios generales del derecho y la doctrina son criterios auxiliares de la actividad judicial”.

Esperamos que así sea. Los criterios de solidaridad política, de conveniencia para el entramado político del país, no hacen parte del conjunto de elementos que deben tener en cuenta para decidir. Otra vez, tenemos que decir, “son los hechos, nada más que los hechos, Alvaro”.

Y los hechos están allí, no en la serie “Matarife”, sino en los archivos judiciales, en las investigaciones y condenas contra hombres y mujeres de los anillos más cercanos al ilustre expresidente, razón por la cual muchos se preguntan ¿cómo es que caen los Rito Alejo del Río, los Santoyo, los Sabas Pretelt, los Mario Uribe, los Noguera y Hurtado, y nada que le llega la hora al jefe de todos y todas?

¿Será esta la hora? En términos formales, filosóficos y sociológicos, para la majestad de la justicia no existen seres humanos intocables. En su balanza se pesan todos. En la vida real de Colombia,…veremos qué pasa. Veremos si es verdad que la justicia “cojea, pero llega”. Veremos si es cierto que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Veremos si es cierto que “la verdad siempre aparece”.

¡Para la justicia y la paz, todo. Para la guerra, la violencia y la muerte, …nada!

Cali, agosto 1 de 2020, en medio de la pandemia por Covid-19, con 306.181 contagiados y 10.330 fallecidos en Colombia, y 17.6 millones de contagiados y 680.000 muertos en el planeta.

https://www.semana.com/opinion/articulo/el-modus-operandi-de-alvaro-uribe/690996

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