“Todo lo que yo busqué afanosamente fue la verdad”

Álvaro Uribe Vélez
Fuente : Wikipedia - Recortada de la versión de Flickrː CANCILLER GARCÍA BELAUNDE CONDECORA A EMBAJADORA DE COLOMBIA EN EL PERÚ

“Todo lo que yo busqué afanosamente fue la verdad”: Uribe CAMINANDO HACIA LA JEP.

También refiere la importancia de que el príncipe se ocupe de la guerra, que es tarea fundamental en el Estado, que ni siquiera en tiempos de paz debe abandonarse, pues, advierte, un príncipe que no es hábil en los artes de la guerra será despreciado por el pueblo.

Nicolás Maquiavelo, El Príncipe.

El hombre que hoy está detenido preventivamente, en su casa, por orden de la Corte Suprema de Justicia, es sin duda uno de los más notables de los últimos tiempos en nuestro país. Célebre podríamos decir, sin pensar aún en si lo es tristemente o si su nombre genera alegrías al recordarlo.

Algunos dirán que él se lo buscó, que si se hubiera retirado de los avatares de la política, como en general han hecho otros presidentes, muy seguramente jamás hubiera tenido que afrontar un proceso judicial de estas características. Esto porque como expresidente disfrutaría del fuero correspondiente y entonces solo el congreso de la República podría investigarlo y acusarlo, cosa que resultaría verdaderamente inimaginable por esa vía. Al retornar al ejercicio parlamentario corría el riesgo de que fuera la Corte su juez natural y, para su desgracia, finalmente así ocurrió.

¿Con quién se han metido estos cinco magistrados del alto tribunal, que unánimemente han decidido así la suerte del senador Uribe? Leamos no más las características que hoy, después de conocerse la decisión judicial, le ha atribuido nadie menos que el Presidente de la República:

  • Ser humano íntegro
  • Servidor público ejemplar
  • Patriota genuino
  • Recuperó la seguridad de nuestro país
  • Con gallardía ha acudido siempre a todos los llamados que le ha hecho la justicia
  • Un hombre inocente y honorable que se ha ganado un lugar en la historia de Colombia

No era necesario que el presidente tomara partido (por el centro democrático) asestando así otro golpe más al ya herido Estado social de derecho y rebajando a la mínima expresión la dignidad de la investidura presidencial (si es que algo de eso queda), pues, a pesar de la medida restrictiva de su libertad, insiste en proclamar que “Soy y seré siempre un creyente en la inocencia y honorabilidad de Alvaro Uribe”, lo cual constituye ya una especie de consigna propia de una secta religiosa o expresión del más recalcitrante comportamiento fanático o enajenado.

Muchos integrantes del centro democrático y uribistas “pura sangre” se han encargado de estas exaltaciones en medio de las lágrimas ( Paloma Valencia dijo: “confieso que he llorado mucho” al igual que el congresista Eduard Rodriguez).

Por supuesto, hacerle eso, atentar de esa manera contra un hombre con las características descritas, solo pudo ser resultado de una “persecución judicial contra Uribe”, de la venganza de otro ex presidente (“Santos cumplió su objetivo: entregar la cabeza de Uribe a las Farc”), o de la sumisión completa de la Corte a los mandamientos del “castrochavismo” y del “terrorismo” (“El mundo está al revés: su victimario, Iván Cepeda, en la política. Y Uribe, de casa por cárcel»).

Con más contundencia lo dijo su adalid en los procesos de “recuperación” del campo colombiano, José Felix Lafaurie: “Cuando nos asesinaban y secuestraban por miles quienes hoy están en el Congreso de la República, Álvaro Uribe nos devolvió el derecho al trabajo y, sobre todo, a la libertad y a la vida. Los ganaderos de Colombia no olvidamos. Fedegán con @AlvaroUribeVel”, afirmó este “campeón de los derechos humanos”.

Es claro, no pudo haber sido de otra manera, el terrorismo internacional y el nacional, la malqueriente izquierda y todos sus aliados, defensores de derechos humanos, oenegés, agencias de las Naciones Unidas también infiltradas por la izquierda, ellos son los responsables de que un ser humano como el célebre expresidente haya caído en las manos de estos magistrados también cooptados por la omnímoda izquierda colombiana. Se trata de un “Triunfo jurídico de la izquierda que siempre quiso ver a Uribe preso con montajes y falsos testigos. Nos han golpeado duro en lo profundo del corazón pero no nos han acabado. Seguimos firmes dando la batalla política y jurídica”, afirmaron los fieles seguidores de la divinidad caída en desgracia.

“Jueces sesgados en favor de criminales y en contra de inocentes no es justicia”, resaltan aún, como una manera de desvirtuar los hechos y las pruebas en los que se fundamenta la decisión judicial, nada de esto importa si la Corte no es más que un nido de izquierdistas. Si no puedes con los argumentos, recurre a la falacia (en este caso “ad hominen”).

El periodismo salió también a relucir y de manera categórica: “Se cumplió el plan contra Uribe: Uribe Preso”, sentenció la inefable Vicky Dávila.

Del otro lado, las madres de Mafapo (Madres víctimas de los falsos positivos) expresaron que “este es el día más feliz de nuestras vidas”. El periodista John Lee Anderson de New Yorker afirmó que “Uribe ha eludido la justicia por años a pesar de las diferentes denuncias acerca de sus lazos con grupos paramilitares terroristas de derecha y narcotraficantes”.

¿Cómo entonces se pudo llegar a todo esto? El señor Uribe se dejó agobiar y dirigir por el odio; el entorno en el que se movía en Antioquia, estimuló ese odio contra las Farc, la guerrilla y todo lo que le pareciera de izquierda, marcado indeleblemente por la muerte de su padre en 1983. Ya en el poder, en la gobernación, en el Congreso o en la presidencia, quizá siguiendo de mala manera algunos lineamientos leídos u oídos de Maquiavelo, se propuso ser omnipotente ejerciendo un liderazgo fuerte y excluyente. Quiso ser amado y temido, pero si no lograra ser amado, que fuera sobre todo temido. Y lo logró.

Grandes ejércitos armados y de fieles sin armas le siguieron. Desde las Convivir hasta las autodefensas y el paramilitarismo le hicieron sentir el poder in crescendo hasta niveles de epifanía. No le bastó ser presidente una vez, había que reelegirse “para completar la obra”, y como no le alcanzó el tiempo, entonces reelección indefinida. Desde ese momento se le atravesaron los magistrados. Compra de votos de congresistas, fraude, prisión para colaboradores cercanos sin nunca tocarlo a él. Se acostumbró a esto. Nunca podrían tocarlo a él (efecto “teflón”). La detención de su hermano Santiago por sus presuntas andanzas con el paramilitarismo, no hicieron más que estimular su odio, al igual que antes la condena de su primo senador Mario Uribe y de todos los coequiperos enlistados en la “parapolítica”.

Tal vez no tuvo en cuenta a Maquiavelo cuando aseveraba:
…el que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina. Porque es natural que el que se ha vuelto poderoso recele de la misma astucia o de la misma fuerza gracias a las cuales se lo ha ayudado” (El Príncipe, Capítulo III).

En la primera ocasión apoyó a Juan Manuel Santos y este se volvió poderoso, y le dio la espalda, dejando la visión guerrerista de lado para enfocarse plenamente en un proceso de paz. ¡Traición!, le gritó Uribe, para quien el conflicto armado nunca existió en el país. Luego, hizo poderoso a alguien sin ningún liderazgo, lo llevó a la presidencia sobre sus hombros, pero ya los tiempos habían cambiado y su “alter ego” no pudo responder a sus expectativas.

Y su odio creció. ¿Retirarse? ¿Rendirse? ¡Nunca! “Los hombres ofenden por miedo o por odio”, decía el mismo Maquiavelo en el Capítulo VII del Príncipe. Y, ¿miedo Uribe? Jamás! Pero odio sí. La guerra necesita del odio, de tener enemigos visibles a los que se pueda combatir y batir, y a muchos les gusta esa narrativa, ese ethos de la lucha fratricida, para mostrar quién es quien manda, quién es el que ordena y ejecuta, todo expresión del patriarcado machista que se enraizó desde hace mucho en nuestra nación. Muchas mujeres fieles de la cofradía, participan también de ese ethos.

Siguiendo a Maquiavelo, se afincaba en él su idea de que “Lo peor que un príncipe puede esperar de un pueblo que no lo ame es ser abandonado por él” (Capítulo XIX). Tenía que sentirse liderando, mandando, callando gente (“siguiente pregunta”, a los periodistas), demostrando poder (“te rompo la cara marica”), haciéndose sentir ante el pueblo (consejos comunitarios p.e.).

Pero el odio termina por obcecar y sus corifeos, anhelantes de poder y de las mieles que les llegan aunque sea por gotitas insignificantes, jamás le dirán que pare, que ya basta, no. Por el contrario le azuzan, le hacen sentir que quieren combate, que la guerra debe seguir, la paz es para los débiles, para los que se quieren rendir al enemigo, y al enemigo hay que destruirlo, que no quede huella de él. Esto sigue gustando a mucha gente. Y en este propósito las acciones dañinas, criminales, genocidas, fueron muchas. Tal vez copiando a Maquiavelo otra vez malamente, aplicaba los métodos del Condottieri Cesar Borgia (aprendidos a su vez del «santo padre» Alejandro VI), destruyendo a los enemigos al costo que fuera, haciendo los pactos que fueran necesarios, entregando lo que fuera (“el fin justifica los medios”). Así lo aprendieron a querer muchos, a idolatrar, a temer y a justificar. Si el paramilitarismo y sus métodos fueron su obra, es que eran necesarios. Punto. Nada de temores, nada de equívocos. La historia lo absolverá.

Pero, con todo esto, el genio de la política renacentista, nos envió un mensaje desde el siglo XVI: “Sin embargo su falta de humanidad, sus crueldades y maldades sin número, no consienten que se lo coloque entre los hombres ilustres”. (El Principe Capítulo VIII).

Así que este “príncipe” hoy caído en las fauces de la justicia, que deben tener dientes muy afilados para prensar fuerte a quien se lo merece, será recordado como alguien “tristemente célebre”, alguien que creyó que desde el poder omnímodo todo se valía, que no tendría que rendir cuentas nunca ante la justicia de los hombres, que estaba más allá del bien y del mal. No era así, no es así y no será así. El pueblo no lo permitirá, aunque el presidente Duque diga otra cosa.

Los cinco magistrados de la sala de instrucción de la Corte, todos a una, decidieron que no era recomendable dejar a Uribe en libertad (como lo implora aún el presidente), sobre todo porque podría influir perturbadoramente en el proceso que se le sigue (otro fraude procesal quizás, y sí que tiene poder para ello).

Anunciaron los magistrados que el acervo probatorio es más que suficiente para tomar esa decisión, luego entonces también para continuar con el proceso de juzgamiento. Y allí irán desfilando los Mancuso, los Popeye (ya fallecido pero que advirtió, “mejor me callo, Uribe es el dueño de Colombia”), los Tuso Sierra, los aliados extraditados de aquel proceso de paz sui géneris con los paramilitares, las madres víctimas de los llamados falsos positivos, los periodistas y los políticos víctimas de las chuzadas, la “ñeñepolítica” y la Merlano, las gentes víctimas de Ituango, los de la masacre del Aro, los relacionados con el asesinato de José María Valle, del profesor Correa de Andreis,…tantos, y tantos hechos, mucho, mucho más que solo falsos testigos. Sin duda.

Veo entonces claro un camino, aquel que conduce desde la justicia ordinaria hacia la Jurisdicción Especial de Paz-JEP, ah pero esta es expresión del “castrochavismo” y él mismo y sus prosélitos la quieren exterminar. Paradójicamente, el ex presidente que ha dicho estar obsesionado solo con la verdad, tendrá una oportunidad de no llegar a pagar una pena irredimible solicitando ser admitido en la JEP para decir toda la verdad y nada más que la verdad. Este será un paso trascendental hacia una paz más duradera, ya que la de la Habana no ha sido ni estable ni duradera.

Esta es mi convicción profunda. Con ella he escrito. Y espero ver el momento en el que esto ocurra.

¡Para la justicia, la vida y la paz, todo. Para la guerra, la muerte y la violencia, nada!

En Cali, a los 4 días del mes de agosto de 2020, cuando la pandemia por el Covid-19 ha causado 334.979 contagios y 11.315 muertes en Colombia, y 18.263.542 contagios y 693.726 muertes en el planeta.

Una adenda: no resulta irrelevante preguntarse en cuál de sus propiedades pasará el señor Uribe los días de detención preventiva, si en las de Córdoba o en las de Antioquia. En Córdoba tiene al menos 10 propiedades rurales, incluyendo la Hacienda El Ubérrimo, que suman unas 1.500 hectáreas, es decir unos 15 kilómetros cuadrados. ¡No es poco! (lo dijo Uribe en Blu radio en entrevista de 10 de mayo de 2017). Algunos baldíos, probablemente adquiridos de manera irregular según la Contraloría, hacen parte de ella (acumulación irregular de predios. De 103 hectáreas adquiridas, solo podrían sumar 23). Todos estos bienes son de propiedad de la Sociedad Agropecuaria El Ubérrimo en los municipios de San Carlos y Montería.

La de Guacharacas, en Antioquia, tenía 2000 hectáreas, que fue donde mataron a Alberto Uribe Sierra, su padre, en 1983 y donde luego, en 1996, apoyó el surgimiento de las Convivir.

«Si se consolida este abuso y tengo que perder este pedazo de tierra, o pagar por una cabida equivalente, lo haré», dijo el expresidente Uribe (BBC Mundo, mayo 16 de 2017) “pero no renunciaré a mi vocación de empresario honorable del campo, con sentido social…” (El Heraldo, mayo 9 de 2017)

(Salomon Kalmanovitz, columna del Espectador, 24 de febrero de 2020 “La riqueza del Alvaro Uribe”).

Así que el expresidente tiene bastante de dónde elegir para pasar el tiempo de cuaren-pena.

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