Un dilema retador: Volver o no volver a las Aulas

Educacion

Desde el pensamiento crítico, en el marco de la pedagogía crítica, planteamos algunas hipótesis que podrían ayudarnos a aclarar el camino para el retorno a la escuela

Hacia dónde he de ir,
Preguntó Alicia,
Depende de hacia dónde quieres ir,
Respondió el gato.

Alicia en el país de las maravillas,
Lewis Carroll

Por José Aníbal Morales C, Rector IE Golondrinas de Cali

La mamá de Julia, una niña de quinto de primaria, envió un audio al docente de matemáticas, en el cual quedan evidenciadas algunas de las circunstancias que todo educador debería tener en cuenta a la hora de pensar en la importancia de retornar lo más pronto a las aulas, a la escuela.

Leamos algunos apartes relevantes del mensaje:

“Ahora me están compartiendo datos… pero por un rato, luego me quedo sin datos. Todo el tiempo no tengo para la recarga. Hay tareas que Julia no ha enviado porque no tengo datos, ahora porque me los regalaron. Y le voy a decir una cosa, le voy a preguntar de corazón, si con todo esto que estamos haciendo los niños van a pasar… y aunque pasen, Julia no, porque ella mantiene distraída y está floja, yo no le explico porque …por mucho que le expliquemos,… no. Aunque usted quiera pasarla, ella no va a poder. Entonces dejemos así, conmigo dejemos así porque ya me cansé, de hacer tareas con ella, como yo no tengo la capacidad suya le pego a mi hija para que haga las tareas, le doy duro… en estos días le dí tan duro, de la rabia, que casi le rompo la pierna, cuando no hizo la última tarea que usted le mandó. Yo no tengo la capacidad para ser profesora. Como yo sé que no tiene la capacidad para pasar, yo no la voy a poner a que pase así.. dejemos así. Yo no tengo para pagar una profesora, muchas veces no tengo para internet, está atrasada en las tareas que usted manda porque yo a veces no tengo dinero, la mayoría de los muchachos van a repetir, pasarla es perder el año, no se desgaste usted, ni me desgasto yo, dejemos así… porque realmente le pongo las tareas para que no esté desocupada, pero en mi corazón, adentro, sé que si no está pudiendo con el quinto… yo le pego porque yo no sé ser profesora. Mejor dejemos así”.

Deja claro la madre que no tiene conectividad, que a ella le ha tocado convertirse en maestra y que, por más que lo intente, no puede con eso, está cansada de fungir como tal y, como no está preparada, se desespera y…miren lo que pasa, la agresión violenta contra la aprendiz en casa. La frustrada madre, que obligada por las circunstancias deviene pedagoga, nos indica que, así como su hija, la mayoría de los muchachos va a repetir. Resalta con ello, las condiciones en las que ahora se encuentran millones de estudiantes, encerrados en sus casas, enfrentados a carencias que solo cada uno conoce y siente, comunicándose con sus profesores en cuanto les es posible, por el medio al que puedan acceder, sintiendo que aunque hagan las tareas y los trabajos es muy poco lo que aprenden. Así lo dice nítidamente una estudiante de grado 10º:

“En esta cuarentena me he sentido muy aburrida, pues muchas de las cosas de mi vida ha cambiado, extraño salir, ver a mis amigos, compartir con ellos y hasta el colegio ya que debido a este virus pues la forma de estudio ha sido virtual y no me siento cómoda, porque a veces estas tecnologías fallan, también porque siento que no estoy aprendiendo nada, no es lo mismo hacer esto por un computador y entregar trabajos que estar en clase presencial donde me pueden explicar mejor…”

Lo vivido por Julia, además, recuerda la preocupación por la seguridad de los niños y las niñas en sus hogares. La violencia intrafamiliar se ha incrementado en el período transcurrido de la cuarentena. “El hogar es el sitio más inseguro para muchos niños y niñas en Colombia”, han dicho investigadores de la violencia intrafamiliar y así lo han ratificado los directores del ICBF.

Formularemos algunas hipótesis, extraídas de la compleja realidad que hoy vivimos, y las expresaremos en unas proposiciones sencillas:

1. El aprendizaje en casa y la educación remota o virtual han fracasado

No solo porque miles de estudiantes no tienen ninguna posibilidad de conectarse a la internet, sino también por las implicaciones que el aprendizaje en casa ha tenido para las madres, los padres y cuidadores, en muchos casos. Padres y madres de estrato 6, incluso, han manifestado que prefieren que sus hijos “pierdan el año” a tener que verlos perder su vida frente a una pantalla todo el día. Ello no tiene que ver con el enorme esfuerzo que han realizado los docentes en todo el país, en las zonas urbanas y rurales, incluso haciendo llegar los talleres en papel hasta las casas de los estudiantes.

2. El encierro prolongado en casa puede producir consecuencias muy negativas en los estudiantes y sus familias, por lo cual es indispensable hacer todo lo posible para que se reabra la escuela

Cuando lleguemos al 31 de julio se habrán completado casi cuatro meses y medio de aislamiento y encierro. Los niños, las niñas y los adolescentes han perdido casi todo contacto físico y visual con sus pares y compañeros, al igual que con sus docentes. ¿Cuán graves serán las consecuencias de este encierro tan prolongado? De seguro, los sicólogos nos darán buenas explicaciones sobre ello. La soledad, la angustia, el estrés y hasta el desespero pueden ser referentes conceptuales para tener en cuenta.
Muchos estudiantes tendrán que afrontar el encierro solos, dada la urgente necesidad de que sus padres vayan a trabajar, a veces, llevándose con ellos el único dispositivo con el que podían realizar sus trabajos. De otro lado, están los riesgos de violencia y de abuso sexual al que se exponen muchos niños y niñas en sus casas. Para ellos, la escuela es realmente el territorio de paz que les permite vivir tranquilos por unas horas al día. Hoy sabemos a ciencia cierta, aún con todos los bemoles que se puedan atribuir a la escuela, que esta es el lugar de la dicha para muchísimos estudiantes, sí, su territorio de paz.

La Unesco ha resaltado, además de las posibles consecuencias ya señaladas, las siguientes:
– la deserción: cuanto más tiempo estén los niños marginados de la escuela, más probable es que no regresen.
– aumenta el riesgo de embarazo adolescente, explotación sexual, violencia
– perturbación grave de servicios esenciales como la vacunación-inmunización, la alimentación y el apoyo psicosocial y de salud mental.

3. El derecho a la vida y el interés superior del niño está por encima de los demás derechos

Absolutamente, sin ninguna duda. Los directivos, los docentes y los trabajadores en general, nos hemos caracterizado por dar largas y enormes luchas para que ello sea siempre así en todo el país, y no será diferente en estas circunstancias. Si la pandemia por el Coronavirus no entra en su fase de declive evidente, a nadie se le ocurriría que las escuelas se podrán reabrir. Tenemos ante nuestros ojos el espejo de los países que ya han dado ese paso, previo siempre el hecho de constatar lo que denominan los expertos el “aplanamiento de la curva” de la enfermedad.

El espíritu crítico debe permitirnos analizar hasta dónde es cierto que la Ministra de Educación haya querido conducir a los niños, niñas, adolescentes, a docentes y trabajadores a un “suicidio colectivo” como dijo algún dirigente de una de nuestras organizaciones, o a un “genocidio”, como afirmó otro. Claro, si planteamos el retorno hoy mismo, cuando la pandemia está en plena escalada, se trataría de algo imposible. Por ello, hacer encuestas, sobre ese posible regreso, en este momento, no resulta muy apropiado, es pérdida de tiempo. El resultado se sabe de antemano. Evidentemente la muerte nos está rondando.

Sabemos de las políticas retrógradas y antipopulares del gobierno nacional, no solo de ahora si no de muchas décadas, pero hay que ser precisos en el análisis de los hechos. Las directivas 11 y 12 han sido los textos de referencia para colegir cuál es la política del gobierno nacional en relación con el retorno a clases. En la Directiva 11, numeral 2, se lee: “Las condiciones de la pandemia indicarán a las autoridades sanitarias la posibilidad de dar comienzo, a mediano plazo (subrayado nuestro), al proceso de retorno de la población estudiantil a la modalidad presencial”. Más adelante se afirma: “…de acuerdo con el análisis particular de contexto del establecimiento educativo y otras variantes que puedan surgir, observando las medidas de bioseguridad y distanciamiento social”. Estos postulados y el de la posibilidad de participación de la comunidad educativa y la concertación con las entidades territoriales de educación, de la mano con el sector de la salud, se evidenciaron también en la Directiva 12, en la que se puede leer: “…Las condiciones de la pandemia indicarán a las autoridades sanitarias la posibilidad de dar comienzo al proceso de retorno de la población estudiantil a la modalidad presencial”.

El documento denominado “LINEAMIENTOS PARA LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO DE EDUCACIÓN EN CASA Y EN PRESENCIALIDAD BAJO EL ESQUEMA DE ALTERNANCIA Y LA IMPLEMENTACIÓN DE PRÁCTICAS DE BIOSEGURIDAD EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA”, emitido por el Ministerio de Educación el día viernes 12 de junio (con 12 anexos), hace más precisas esas intenciones. En él se plantea que se avanzará “hacia la presencialidad gradual bajo un esquema de alternancia, implica surtir un proceso de transición que será progresivo,…”.
Para ello se prevén dos fases: 1. Planeación y alistamiento y, 2. Implementación y seguimiento.

Es claro que todos los estamentos estamos convocados a participar en este proceso, de tal manera que sea la comunidad educativa la que pueda determinar y decidir si es o no posible iniciar la transición a las clases presenciales, bien sea el 1 de agosto o cuando las condiciones lo permitieren. En todo caso, debemos participar en esa planeación, analizar fortalezas y debilidades, amenazas y oportunidades, y tomar entonces las decisiones pertinentes; solo entonces.

4. El gobierno nacional descarga la responsabilidad del proceso en las entidades territoriales, en los directivos, en los docentes y en las comunidades educativas

Sobre el tema de la responsabilidad, tema álgido cuando se trata de la vida y de la muerte, y de la garantía del derecho a la integridad y a la vida de los niños, niñas, adolescentes y de todos los que conforman las comunidades educativas, hay que inscribirlo en el marco de lo establecido por la Constitución y la Ley. La responsabilidad es compartida entre el Estado, la sociedad y la familia. Jamás daremos un paso hacia el retorno sin que la institucionalidad encargada de la política sanitaria se haya pronunciado acerca de la viabilidad del mismo, y los pasos siguientes se darán de la mano con la Secretaría de Educación y contando con todos los estamentos de la comunidad educativa. Sí, son muchas las condiciones que se deben garantizar, desde la misma casa, en las rutas escolares cuando las haya, en relación con la salud de los estudiantes y de sus familiares, la de los docentes, los trabajadores y sus familiares, la higiene y la sanidad en las aulas, patios, restaurante y zonas abiertas.

La participación de todos los organismos comunitarios y de todos los estamentos está garantizada, incluso de las JAC y la JAL, y si así no ocurriere la exigiremos por todos los medios y con todo el vigor, pues sabemos de qué estamos hablando: del derecho la vida, en primer lugar. Los protocolos específicos requerirán participación no solo de salud y educación sino de gobierno, ambiente, etc).

En el Anexo 7 se afirma: “La situación actual convoca a directivos y docentes a trabajar de manera coordinada con las entidades territoriales para aportar a un proceso flexible, de acuerdo con la evolución de la pandemia en el territorio, que permita continuar con el trabajo académico en casa y el retorno gradual y progresivo hacia la presencialidad bajo un esquema de alternancia”. Allí mismo se “reconoce a los maestros como líderes de la transformación educativa y gestores de los procesos de enseñanza y fortalecimiento de los aprendizajes de nuestros estudiantes”.
Sabemos que no hay necesidad de reconocimientos, somos los educadores los que hemos cargado a cuestas con el peso de garantizar el derecho a la educación de los colombianos, pero es bueno asumir que en esta crucial coyuntura ese liderazgo es indispensable, esencial, por lo cual no es posible pensar en marginarnos. No es posible que digamos no al retorno, sin vincularnos, sin participar, sin jalonar los procesos participativos y democráticos. Luego, si finalmente se ve que no fue posible, que no hubo con quien, que no aparecieron los recursos indispensables, entonces podremos explicarles a nuestras comunidades claramente y de primera mano, cuáles son las causas de la imposibilidad de retornar a clases presenciales. Así, se sabrá nítidamente quiénes son los responsables de esa imposibilidad. Nos encargaremos de denunciarlo con toda precisión, y con el apoyo de la sociedad civil toda.

Y antes de dar pasos hacia ese retorno, dejaremos muy claras cuáles son las responsabilidades de cada quien en este proceso. Sabemos de las implicaciones civiles, por responsabilidad extracontractual y contractual, disciplinarias y penales en las que directivos y docentes podríamos vernos incursos en algunas circunstancias.

El compromiso de los directivos y los docentes ha sido de altísimo nivel, inconmensurable, en el período transcurrido de la pandemia. El aprendizaje y el trabajo en casa ha generado sobre cargas excesivas en su trabajo, quién puede discutirlo. Con toda la experiencia ganada, sabremos decidir con nuestras comunidades cómo, en qué condiciones se podría organizar la denominada alternancia, casa-escuela, o decidir que no es posible, dadas tales o cuáles circunstancias concretas.

5. No hay condiciones para el retorno a clases presenciales porque el gobierno no ha aportado los recursos necesarios para ello.

Sobre el tema de los recursos el gobierno nacional se ha comprometido, en las directivas y los lineamientos a “…en articulación con las entidades territoriales certificadas en educación dispondrá de recursos que permitan adoptar actividades de aseo y desinfección orientadas en el presente lineamiento, así como el suministro de los elementos de protección personal y bioseguridad para los directivos docentes y docentes..”. Ya en la Directiva 11 se había señalado un camino para la apropiación de recursos financieros. En todo caso, la lucha del magisterio, al frente de las comunidades educativas y presente en los comités territoriales, exigirá que tanto el gobierno nacional como las entidades territoriales hagan los aportes indispensables. En el numeral 2 de la citada Directiva, se establece: “…se dé prioridad a la contratación de los servicios de aseo y desinfección necesarios para el cumplimiento del lineamiento para la implementación de medidas sanitarias y prácticas de bioseguridad, para la reapertura de los establecimientos educativos durante la emergencia sanitaria,…”.

Este es el momento de exigir la responsabilidad del Estado por el abandono de la salud y la educación. Ya hemos visto la tragedia de los hospitales y las clínicas, de los médicos (a), enfermeros (as) y trabajadores de la salud. Es visible que nada podrá volver a ser igual que antes de la pandemia, la salud, la educación y el saneamiento ambiental requieren de la reforma constitucional por la cual el magisterio ha venido peleando desde el mismo momento en que surgió el fatídico Acto Legislativo del 2001. Es el momento de visibilizar al máximo esta exigencia del pueblo colombiano, y la presencia de directivos, docentes y trabajadores al frente del proceso que busca el retorno gradual y progresivo de los estudiantes a las aulas, es una excelente oportunidad. En realidad, oportunidad histórica.

Se conecta inescindiblemente con la lucha por la renta básica para todas aquellas familias colombianas gravemente afectadas por la crisis económica, el desempleo y el cierre de empresas. El hambre no da espera. 54 senadores han sumado fuerzas para jalonar esta reivindicación popular, que podría favorecer hasta a 30 millones de colombianos (9 millones de familias). Y la lucha está ligada, sin duda, también con la lucha contra la corrupción que desangra el erario público. No es volver a la “normalidad”. No habrá tal cosa, si acaso una “nueva normalidad”, en la cual la educación no podrá seguir siendo la cenicienta olvidada. Cuando gritamos Para la guerra y la muerte nada, para la vida y la paz, todo, estamos pensando en primer lugar en la educación. No en vano, “todo nos es dado por la educación” (Kant).

6. No habrá personal suficiente para atender a los estudiantes porque muchos docentes, directivos y trabajadores son mayores de 60 años y tienen situaciones de morbilidad.

Sin duda ello es así. Cada comunidad tendrá que evaluar cuál es su situación específica y determinar de qué manera se podría atender a los estudiantes y a cuáles grupos. También el Anexo 7 hace referencia a la necesidad de que el trabajo en casa sea la alternativa para estos docentes, directivos y trabajadores.

Igualmente, tampoco tenemos disponibles los orientadores escolares, porque no han sido nombrados, a pesar de que en la Ley 1620 de 2013, Ley de convivencia escolar, quedó establecida la urgencia de su nombramiento para apoyar a los estudiantes en sus situaciones afectivas y emocionales. Ahora los necesitamos más que nunca, bien sea en el trabajo presencial o en el aprendizaje en casa. Pues debemos entonces reforzar con más vigor la lucha por esta reivindicación tan sentida en nuestras comunidades. Imaginemos todo lo que están necesitando y van a necesitar los estudiantes y sus familias el apoyo de estos profesionales de la salud mental.

7. Nuestras instituciones no cuentan con los espacios necesarios para atender a los estudiantes en distanciamiento social de 1.5 y 2 metros, el hacinamiento es lo habitual en las aulas.

Somos conocedores de esta situación, del hacinamiento que en muchísimas instituciones se hace más visible ahora, cuando se exige el distanciamiento por causas sanitarias, vitales. Es la oportunidad para insistir en nuestra lucha por la modificación de las relaciones técnicas aplicadas por el Ministerio de Educación para asignar docentes y directivos por estudiantes. Es evidente que con los recursos asignados a las entidades territoriales y a las Instituciones educativas, es imposible transformar esta realidad insoportable. Planteemos entonces esta vital transformación en la lucha por la defensa de la salud y la vida de nuestros estudiantes, que es de lo que se trata cuando hablamos de retorno gradual, progresivo y con alternancia. Pero debemos estar al frente, ejerciendo nuestro liderazgo transformador, junto a nuestras organizaciones gremiales y sindicales.

Así, el retorno a las aulas no es, no puede ser, una decisión exclusiva del gobierno en ningún país, ha de ser el resultado del consenso de las diversas fuerzas sociales, de la sociedad civil. El magisterio, los directivos y los docentes, ejercemos un liderazgo natural en cada comunidad educativa y debemos convocar a los diversos estamentos a analizar todas las circunstancias que rodean ese necesario y vital retorno a la escuela. Podemos contribuir a orientar, a iluminar el camino, a transformar la situación en la que se encuentra sumida la educación en nuestra patria, pero para ello debemos hacer uso de ese liderazgo, con espíritu crítico, convocando el diálogo de saberes, las voces de los padres y de las madres, de los estudiantes, que como decía Paulo Freire, también tienen una palabra para pronunciar el mundo. El pensamiento crítico exige el diálogo, la escucha, el debate, atenernos a los hechos, pensar por nosotros mismos, tener buena información y tomar decisiones con base en el juicioso y riguroso análisis de lo recaudado. Es lo que ahora pedimos.

No estaremos solos en este propósito, el país todo tiene que ver con el necesario retorno de la los estudiantes a las aulas. El país necesita la escuela, no solo los niños, las niñas y los adolescentes y sus familias, es un momento histórico para su valorización superlativa. Encarguémonos de eso. Otra escuela es posible, otro mundo es posible, pero no sin el liderazgo actuante y transformador del magisterio colombiano, liderazgo proactivo. Pa delante!

¡Para la vida, la salud y la paz, todo. Para la guerra, la violencia y la muerte, nada!

Cali, junio 15 de 2020, en la décimo tercera semana de cuarenpena, con 53.063 infectados y 1726 muertos por Covid-19 en Colombia, y 7.882.000 infectados y 433.259 muertos en el planeta.

https://www.clarin.com/sociedad/coronavirus-argentina-protocolo-volver-clases-ciudad-dias-semanas-barbijo-7-anos_0_3gKyGBWwz.html

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