Un sombrío y agridulce primer semestre de la administración Ospina

Jorge Ivan Ospina
Jorge Ivan Ospina

Ninguna administración estaba preparada para el reto que representaba atender la emergencia causada por la pandemia del virus. El Valle del Cauca y su capital registraron preocupantes indicadores de contagios y fallecimientos. 

Por alguna razón enigmática, atribuible a que la ciudad es un cruce de caminos, atravesado por viajeros que han llegado por Buenaventura, residentes en el exterior, que por vía área, huian de la pandemia en Europa y Estados Unidos, desplazados provenientes de Ecuador o afluencia de destechados emigrantes venezolanos, pudieron haber generado las condiciones de propagación que la ciudad experimentó.

El alcalde Ospina, estrenando equipo de trabajo, tuvo un buen comienzo. Se destacó por polémicas declaraciones que prometían cambios sustanciales en el desarrollo socio económico de la ciudad. Se le vio cercano a su electorado. Escuchaba las preocupaciones ciudadanas y buscaba poner en marcha con agilidad y eficiencia las soluciones. Su vasta y comprobada experiencia era garantía de grandes ejecutorias. 

Sin embargo, llegó la crisis de la pandemia y dedicó sus esfuerzos en vencer los preocupantes indicadores estadísticos. Su recién nombrado gabinete aun no se había conformado como equipo de trabajo monolítico y coordinado. Los secretarios de despacho esperaban directrices de su alcalde, pero distraído y entregado al problema de salud, no ejerció la dirección necesaria que la ciudad demandaba.

La Secretaría de Movilidad, por ejemplo, desaprovechó el menor trafico automotor pudiendo ejecutar labores de mantenimiento de la red semafórica de la ciudad, reparación y actualización de la obsoleta señalética, pintura vial de las intersecciones, capacitación formativa de avances relacionados con movilidad a todo el equipo de guardas y limpieza de la desactualizada e ineficiente base de datos del parque automotor, entre otros.

La Secretaría de Infraestructura, por otro lado, tampoco implementó la agilización de trabajos pendientes en varias de las obras en ejecución, las cuales podrían haberse entregado antes de las fechas previstas, aprovechando el despeje vial.

La Secretaría de Educación, igualmente debió adelantar y terminar la culminación de las obras pendientes de entrega en la infraestructura educativa que la administración Armitage dejó en plena ejecución.  

La Secretaría de Vivienda, pudo haber ganado tiempo en programas de escrituración de los miles de predios a la espera de su formalización.

EMCALI, sumida en profunda crisis gerencial y directiva, no formuló soluciones al complejo problema del componente de comunicaciones, acumulando perdidas superiores a $ 400 mil millones en la administración anterior, asumidas principalmente por el componente de acueducto y alcantarillado. La tantas veces renegociada deuda con la nación, cuyos recursos deben destinarse a la recuperación y reposición de la infraestructura de acueducto, tampoco fue activada, donde existe prioridad inaplazable en mejorar perdidas de agua tratada superiores al 50%. 

La delegación en algunos Secretarios de Despacho terminó en investigaciones fiscales y disciplinarias.

Se ha sentido ausencia de liderazgo, coordinación y poco acoplamiento del equipo de trabajo, falta de eficiencia y derroteros que la ciudad clama. 

La ciudad necesita sentirse gobernada.

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