Una conspiración insuficiente

mujer
mujer

A propósito de una fecha que conmemora la no-violencia contra las mujeres

Todo ha sido una vulgar conspiración contra un orden sencillo y ejemplar al que los romanos dieron amplio y muy duradero soporte jurídico: un orden social, económico, político y cultural en el que los hombres mandaban y las mujeres obedecían. Era tan claro todo que si el “pater familias” (el esposo o el padre de la casa) moría, el control de la casa pasaba a manos del hijo mayor, nunca a la mujer. Era algo claro y sin discusión. Ya en tiempos anteriores, el sabio Aristóteles había sostenido que el hombre es por naturaleza el amo y la mujer la subordinada (en su obra “La Política): “Entre los bárbaros, la mujer y el esclavo están en una misma línea, y la razón es muy clara; la naturaleza no ha creado entre ellos un ser destinado a mandar, y realmente no cabe entre los mismos otra unión que la de esclavo con esclava, …”.

¿Cuándo se rompió este orden tan claro y conveniente? Probablemente (porque podría hurgarse también en lo que significaron las “brujas” de siglos anteriores) la conspiración la iniciaron algunas revolucionarias francesas que, en el siglo XVIII, pretendieron igualar sus derechos con aquellos de los hombres revolucionarios. En aquel entonces no prosperaron mucho; fueron guillotinadas. Pero la conspiración no se detuvo. En el siglo XIX las “sufragistas” en Europa y en los Estados Unidos lograron que se reconociera su derecho a participar en las elecciones para cargos públicos en condiciones de igualdad con los hombres, algo que al principio fue limitado pero que luego se hizo ley general.

Y la conspiración no se detuvo. En 1948 Eleanor Roosevelt y otras feministas lograron que no se hablara ya de los derechos del hombre, la Declaración que surgió en el seno de las Naciones Unidas fue “de los derechos humanos”. En adelante las mujeres estarían incluidas al menos en el concepto de “persona”. Se proclamaba ya entonces la igualdad de derechos de hombres y mujeres.

La conspiración ha llevado a situaciones increíbles hasta hace poco para muchos, como aquella de que las mujeres ya no tengan que llevar el apellido de su marido en el documento de identidad. Mucho daño hicieron al antiguo y claro orden patriarcal los escritos y las arengas de mujeres como Virginia Wolf o Simone de Beauvoir, conspiradoras contra este orden, que consideraban caduco, sin duda. Feministas precursoras.

Así ha sido para muchos la historia de la libertad y de la igualdad, de los derechos humanos de las mujeres, de los esclavos, de los indígenas, de los trabajadores, de los niños, de todos aquellos y aquellas relegados por el viejo orden a vivir en el anonimato o sometidos a la opresión patriarcal o machista; se trató siempre de una conspiración lideraba por gente desubicada, revoltosa, indeseable.

Y como las ideas de algunos filósofos o intelectuales contribuyeron a la fundamentación de esa conspiración, son incluidos hoy, junto con quienes comparten al menos algunas de sus ideas, en la lista de los conspiradores indeseables, por haber desencadenado el movimiento telúrico que rompió el viejo orden, así, de sus cenizas, hubieran surgido otros órdenes igualmente llamados a ser destruidos para seguir en la búsqueda del respeto por la libertad y la igualdad. En ese grupo se encuentran Carlos Marx, Federico Engels, Mijail Bakunin, V. Lenin, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, entre otros. En cierto sentido, son responsables de que haya hoy “demasiados derechos humanos”, como alegó, Mike Pompeo, el secretario de Estado de Trump en la comisión de derechos humanos de la ONU.

En los Estados Unidos los defensores del viejo orden hallaron en Donald Trump un referente ideal. Ignorante, rico, xenófobo, machista, autoritario y autócrata, mentiroso y manipulador, capaz de convocar y lograr el apoyo de millones de creyentes vinculados a diversas sectas religiosas, anhelantes insuperables del mantenimiento o del retorno de ese viejo orden. Las mujeres a la casa, no al aborto, rechazo al control natal, abominación de la equidad de género, denuncia de las pretensiones ecologistas de quienes cuestionan el calentamiento global y el cambio climático, también de los científicos e investigadores; cruzada contra los subversivos que cuestionan el libre mercado (neoliberalismo) y el “sálvese quien pueda”; ostracismo para los librepensadores y defensores de la libertad de expresión, sean periodistas, escritores o simplemente la juventud que choca contra los valores tradicionales, todo eso inunda el ideario ( o, mejor, el sentimiento) de los nostálgicos que ven cómo sus viejas prerrogativas se van a pique.

En Colombia, también están en el gobierno esos nostálgicos del viejo orden. No es gratuito el incremento de la violencia genocida, la que pretende exterminar a todos aquellos que sacuden el orden opresivo con sus denuncias libertarias e igualitarias. Un integrante de una secta golpea a una mujer en plena calle porque cuestiona sus ideas fascistas; “te rompo la cara m…”, “plomo es lo que hay…”, disparos indiscriminados de la fuerza pública contra manifestantes, ministros sin ningún reato de conciencia, mentiras repetidas mil veces con el ánimo de que se conviertan en verdad, distorsión de los conceptos para ocultar la realidad (“homicidios colectivos” por masacres); actos y lenguaje violentos, destructores. A los creativos conspiradores se opone la cruzada estigmatizadora, discriminadora y exterminadora. Y muchos les copian.

Cuando de una reconocida revista de publicación semanal, salen expulsados, todos a una, los más preclaros espíritus libertarios (“conspiradores”), lo que estamos viendo es la expresión de las intenciones palmarias de una secta que se propone, sin ninguna duda, el mantenimiento y restablecimiento del orden del silencio y de la muerte. Los espíritus libertarios no tolerarían la estolidez que representa promover desde esa revista la precandidatura presidencial de un “delfin” que no tiene más mérito que ser el hijo del caudillo de la secta; que le alcance aunque sea para senador, para no deshonrar la estirpe. ¡Habrase visto!

No es difícil concluir que es en este entorno donde florece la violencia contra las mujeres, violencia estimulada por los mensajes que promueven la defensa del orden y la tradición por los medios que sea, y con mucha gente armada, no solo los agentes del Estado. En los hogares de muchos machos, el encierro forzoso causado por la pandemia incrementó los indicadores de violencia contra las mujeres en Colombia y en otros países que se nos parecen. Casi nada que celebrar este 25 de noviembre.

No ha sido suficiente todo lo que tantas y tantos “conspiradores” han hecho en favor de la igualdad y de la libertad. Poderosas fuerzas se oponen a la realización de la utopía de convivir en paz y en condiciones de respeto absoluto de las unas por los otros y viceversa. Necesitamos que crezca la “conspiración” iluminadora del camino de la paz, con palabras, con hechos, con actitudes y actos orientadores, una “conspiración” que ponga en el centro la feminización de la cultura.

¡Para la vida y la paz, todo. Para la guerra, la violencia y la muerte, …nada!

Cali, Noviembre 24 de 2020

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion