Unidad total en medio del paro

Colombia
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Paradójico llamado a la obediencia civil “No haya ni pobres ni ricos. Ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? También esas dos cosas resultan demasiado molestas. ¡No haya pastores ni rebaños! Todos quieren lo mismo, todos son iguales; y quien no se conforme, al manicomio”. F. G. Nietzche, Así habló Zaratustra.

No es fácil la convivencia entre los seres humanos, no lo fue ayer ni lo es hoy. No en vano tituló así Alain Touraine una de sus obras: ¿Podremos vivir juntos? Sobre todo en estos tiempos, de neoliberalismo, del sálvese quien pueda, del consumismo desenfrenado, de la Sociedad Opulenta, de los seres humanos al servicio del dinero y no del dinero al servicio de la humanidad y, ahora, en los tiempos de una pandemia que solo unos pocos alcanzaron a imaginar en toda su magnitud. ¿Cómo convivir decentemente en un mundo que paga salarios irrisorios a los médicos y médicas que se dedican a salvar vidas, mientras retribuye con ingresos ridículamente gigantescos a unos hombres que se ganan la vida pateando un balón, por más admirables que sean sus gestas?

No es fácil ser libres y responsables al mismo tiempo, ser autónomos, para convivir respetuosamente con los demás. Este dilema, entre libertad y responsabilidad, se plantea hoy en su más elevada expresión. ¿Por qué en China se enfrentó la pandemia del Coronavirus de manera relativamente rápida y exitosa? Muchos responden que se debió a la autorregulación de la población, pero también a la pronta intervención de las autoridades y a su capacidad de enviar mensajes persuasivos, disuasivos y de ejercer control sobre los ciudadanos. ¿Ejercicio adecuado y oportuno de la autoridad del Estado y del gobierno? Es posible. Pero recordemos que es un gobierno fuertemente cuestionado por irrespeto a los derechos humanos. Vaya paradoja: es ahora ejemplo de fuerza garante de la vida.

En Colombia, murieron ya dos personas a causa del virus, Arnold Ricardo de 58 años, taxista de Cartagena y una señora de 70 años en Cali. El primero se contagió al transportar a dos ciudadanos italianos, el 4 de marzo. El 7 de marzo se evidenciaron los síntomas. Murió el 16 de marzo sin que hubieran llegado los resultados de los exámenes. Su hermana, está contagiada también. Aislada. No pudo asistir al funeral de su hermano. Es lo normal ahora, el aislamiento, la soledad para un paradójico reencuentro. En Nueva Orleans una mujer joven, de 39 años, se contagió, la revisaron los médicos, la devolvieron a casa (como a Arnold) y su esposo la encontró muerta en su casa, a los pocos días. No habían recibido aún los resultados de los exámenes.

Algunos podrían decir que dos muertos no son nada, comparados con los más de 4000 en Italia, que esos sí son hechos terribles, que allá ¡en un solo día fallecieron por la enfermedad 793 personas!, que allá sí se están muriendo los médicos, que lo de España, que lo de Francia, pero que aquí, …apenas dos. No. Los gobiernos locales de Colombia actuaron, el gobierno nacional, finalmente, actuó. Cuarentena en todo el país. Y hay que cumplirla, a rajatabla. No es tiempo de debates.

Muchas cuentas tiene pendientes el gobierno nacional con el pueblo colombiano, lo sabemos muy bien y no lo olvidamos. Estaba previsto un paro nacional para el próximo 25 de marzo, pero ahora no hay que convocar ningún paro, ¡estamos en paro! Forzoso. Paro de las escuelas y universidades, paro de los trabajadores del sector público y de la empresa privada, paro de los deportes y de la cultura, paro…Sí. Paro de las iglesias, de todos los cultos colectivos, ¿quién lo imaginaría?

Encierro total. Así que ese miércoles 25, será otro día más de paro, pero nos permitirá convocarnos a la unidad nacional para enfrentar la grave amenaza, unidad nacional para apoyar a los más necesitados, a los trabajadores independientes que se han quedado sin sus fuentes de ingreso, unidad nacional para respaldar a los profesionales de la salud y a todos los que se mueven para garantizar la sobrevivencia del pueblo colombiano. Muchas reivindicaciones hay para plantear. Deben esperar. Algunos trabajadores reclaman justicia al saber que se les ha cambiado por decreto el período de vacaciones y que este debe cumplirse en medio de la cuarentena. Ya habrá tiempo de reivindicar este derecho. Ahora el derecho a la vida de miles de colombianos está en juego y es a él a quien nos debemos. Actuar de otra manera, ahora, resulta ser algo mezquino y expresión de egoísmo y carencia de sensibilidad humana.

«En el mundo que veo venir, en el que dos o tres superpoderes controlarán el mundo, dos más dos será igual a cinco si el ‘fuhrer’ de turno así lo desea», escribió George Orwell, en una carta que antecedió dos años a su distópica o utópica obra “1984”, aquella en donde imagina al Gran Hermano¸ que todo lo sabe, que todo lo controla, hasta el pensamiento. No queremos ese Gran Hermano, representado en dictadores como Stalin o Hitler. Pero, hoy, nos vemos todos diciéndole al presidente “decrete la cuarentena, ya, sin ambages, en todo el país, y que nadie se mueva”. E invocamos a una especie de parodia del Gran Hermano¸ que por favor gobierne férreamente, que mande mensajes claros, que no haya dudas, que cierre los aeropuertos y las fronteras y las carreteras, que haga obedecer a la gente, que ojalá sepa muy rápido quién está contaminado para que lo aísle totalmente.

En lenguaje bélico, se habla de la guerra, guerra contra un enemigo casi desconocido, con enorme poder letal. En tiempos de guerra (la que nunca queremos), se debe obedecer a los capitanes y generales. ¿Es así? Claro, ahora estos capitanes y generales deben ser los salubristas, los especialistas en combatir epidemias y pandemias, pero con el respaldo total del gobierno, del Estado. ¿No nos gusta la palabra obediencia? ¿Qué estamos haciendo, qué debemos hacer si amamos la vida? ¡Obedecer! Y, oh paradoja!, no nos gusta el ejercicio de la fuerza, pues mirad, son las fuerzas armadas del Estado las que deben garantizar la obediencia ciudadana, cuando esta no es posible mediante la autorregulación.

Anoche, 23 muertos y 80 heridos en la Cárcel Modelo de Bogotá. Reivindicaciones de los presos, en medio de la pandemia. No sabemos qué pasó exactamente, y no podemos respaldar la respuesta violenta, invocamos de nuevo nuestra indeclinable convicción no-violenta, pero imaginemos lo que puede pasar en estos momentos si dejamos volar los anhelos de libertad, aupados por las convicciones dionisíacas, sin tener en cuenta algunos límites, marcos, ciertas formas (lo apolíneo).

Tuvo que enfrentar estos terribles sucesos, una mujer que ha dado muestras de gran valor, la alcaldesa de Bogotá, quien justamente ha ordenado el enclaustramiento de todos los ciudadanos, pero ha dicho también que nadie se quedará sin comida, ni vivienda, ni atención sanitaria. Empresarios han salido a reforzar esta línea de acción. Se requiere más. Sobre las cárceles, medidas de emergencia para acabar con el hacinamiento, enviar a casa a algunos internos mayores de 60; moratoria de pagos de servicios públicos en todo el país, moratoria de pago de créditos bancarios y similares, congelamiento de precios, cárcel para acaparadores, y otras medidas, pero…es indispensable la unidad, unidad total alrededor de las políticas de protección de la vida. El caos, el desacato, el desorden, son medios propicios para la propagación de la enfermedad. También la difusión de información alarmista y tendenciosa puede contribuir a crear pánico y zozobra. Necesitamos calma, y mucha. Convivir en el encierro lo requiere.

Ojalá que tuviéramos entre nosotros a un Peralta, sí, como el personaje genial de la obra de Tomás Carrasquilla En la diestra de dios padre, uno que pudiera engañar a la muerte y someterla, para que no pudiese robar la vida de ningún colombiano ni colombiana, de ningún ser humano, a causa del Covid-19. Pero no lo tenemos. Su símil sería la vacuna, pero está muy lejos, al parecer.

¡Para la salud, la vida y la paz, todo. Para la guerra y la muerte, nada!

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